Viajar en el metro, toda una aventura

Por Roberto Rosendo Ríos Vargas

@ROBERTODELRI0

En una ciudad tan grande como lo es la CDMX, el Sistema de Transporte Colectivo Metro traslada diariamente un promedio de 5.4 millones de personas, haciéndolo el medio de transporte más usado del D.F., con todo y los problemas que lo aquejan.

Los capitalinos, turistas o todo el que pasa por la gran ciudad, en algún momento de nuestras vidas hemos tenido la necesidad de usar el Metro, el cual por tan solo 5 pesos te ofrece la posibilidad de viajar “cómodo y seguro” por las doce líneas que abarcan su extensión.

El viaje comienza con una batalla: la de alcanzar un lugar; hay tanta gente y sobre todo en horas pico, que es casi imposible ir sentado, si bien te va alcanzas a entrar sin que te pisen, empujen o aplasten; los usuarios han desarrollado varias técnicas para sobrevivir dentro del gusano naranja, por ejemplo poner los codos en posición escuadra para abrirse paso y no ser aplastado, recargarse cómodamente en el tubo que se encuentra casi en la entrada, situarse en medio del vagón y ahí seguir todo el camino, pues la mayoría de la gente se aglomera cerca de la puerta, dormir de pie, etcétera.

Por cada una de las estaciones desfilan un sinfín de personas que entran y salen de los vagones a toda prisa, hombres y mujeres de todas las edades utilizan este medio para desplazarse bajo la superficie de la capital ya sea para dirigirse al trabajo o la escuela.

En este medio de transporte no pueden faltar los tradicionales “vagoneros” que un día, sin más ni más, aparecieron y se multiplicaron por todas las líneas, quienes te ofrecen diversos artículos, ya sean juegos de mesa, libros, herramientas, dulces, comida, artículos de higiene personal, medicamentos, entre otros, los cuales son vendidos en su mayoría por la módica cantidad de 5 o 10 pesos.

No pueden faltar aquellos que venden el disco de moda que contiene más de 200 éxitos y en ocasiones toda la discografía completa de algún artista en particular a tan solo 10 pesos; estos personajes cargan en sus espaldas bocinas tan grandes que a ritmo de salsa, cumbia, mariachi o reggaeton hacen vibrar la limosina naranja.

En el metro capitalino todos los días se viven historias distintas propias de una gran urbe, peleas, robos, acoso sexual, muestras de fe y hasta las más tristes como son los suicidios.

El metro tiene un olor característico que se mezcla dentro de las instalaciones y que se origina de distintas circunstancias como los puestos de comida instalados al interior o a la falta de higiene personal de algunos cristianos.

La mayoría de los usuarios utilizan los asientos del metro como una extensión de su cama, pues más de uno casi siempre se queda dormido durante el trayecto que los llevará a su destino; también las mujeres improvisan un salón de belleza para aprovechar el tiempo y así durante su viaje terminen de alistarse para llegar perfectamente arregladas al trabajo.

Otro de los aspectos que se deben de considerar al utilizar el metro es salir con anticipación para evitar llegar tarde a tu destino, pues este sistema de transporte es impredecible, por lo regular siempre se ve afectado por factores internos y externos que seguramente te generarán un retraso.

Viajar en metro no es fácil, la cosa es adaptarse y no morir en el intento.

Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca.

  • El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol.
    ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbele a elbone089@gmail.com
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