Una estrella negra para Lázaro: sobre el nuevo disco de David Bowie

Por Mario Valencia

@MarioZala17

I’m not a pornstar,

I’m not a wandering star

I’m a blackstar, I’m a blackstar”.

Este 8 de enero, en su cumpleaños 69, tendremos el veintiseisavo álbum de estudio del duque blanco: Blackstar. De esta producción, conocemos tres temas, siendo la primera Sue (Or in a Season of Crime) extraída originalmente su recopilación Nothing has changed. Hay algo fresco en el instante que escuchamos el track. Una breve despedida a la guitarra, a cualquier composición relacionada al rock, en favor de una musicalización jazz. Su banda de acompañamiento, salió del 55 Bar de Nueva York, uno de los antiquísimos recintos de aquella ciudad. Alguna vez llamado “El Camaleón”, Bowie vuelve a dejar en claro porqué, pues más allá del achaque nostálgico que dejó su obra anterior The Next Day (2013), lleva su arte a un nivel experimentar fácil de relacionar con la trilogía Berlín: “Heroes”, Low y Lodger. Sin embargo, aún en aquella época mantenía una relación cercana al rock, en sus ramas progresivas y de krautrock. En palabras de su inseparable productor, Tony Visconti:

“Con aquella triada, hicimos algo que nadie estaba haciendo y así nació la escena New Romantic (…) ahora con este disco, la meta, de muchas maneras, era evadir el rock & roll (…) no puedo esperar para que salgan los imitadores de Blackstar”.

Blackstar, canción que da título a la obra, mezcla jazz junto a electrónica digna de Ultravox en su buena época. El video, retrata el surrealista culto alrededor de la estrella negra. Una mujer con cola recorre un paraje hasta llegar al cuerpo de un astronauta. El cráneo de éste, porta bellas joyas que flotan para formar un eclipse. Ahora un círculo de mujeres danzan para reunir todos los huesos del esqueleto. El cantante, nos muestra a su nuevo personaje: un hombre atormentado ataviado por un vendaje blanco con ojos de botón. La imagen es perturbadora. Atrás quedó el cool y andrógino Ziggy Stardust. Ahora se asemeja al Bowie ermitaño que por 10 años, nos ha abandonado de los escenarios (y que seguirá ausente). “No creo que vuelva a tocar (…) solo se interesó en armar un gran disco”, mencionó Visconti.

Lazarus, que estrena videoclip dirigido por el reconocido autor Johan Renck (Madonna, Lana del Rey, Robbie Williams), es una referencia bíblica aderezada con el jazz. Protagonizado por el hombre del vendaje, la excéntrica coreografía muestra un desgarrador retrato en el manicomio que se consume en un “I’ve got scars that can’t be seen, I’ve got drama, can’t be stolen, Everybody knows me now”. He aquí la fuente de la aventura en Off Broadway (esto es, un montaje en Broadway para un público reducido) de Lazarus. Protagonizada por Michael C. Hall (Dexter, Six Feet Under) y basada en la obra The Man Who Fell to Earth de Walter Trevis, es la primera vez que Bowie coescribe y musicaliza una obra desde su aclamada participación en 1979 como El hombre elefante.

Varios datos se han ido soltando alrededor del disco. Otro gran músico que colaboró en las percusiones de dos temas es James Murphy, de futura reunión con LCD Soundsystem en Coachella. Su participación pudo ser mayor, pero debido a compromisos que en su momento no mencionó, Murphy tuvo que dejar el proyecto (ahora sabemos porque). Otro colaborador, es el guitarrista Ben Monder, famoso por tocar junto a María Schneider.

“Para la composición, escuchábamos mucho a Kendrick Lamar. No utilizamos mucho de él, pero amamos que Kendrick fuera tan abierto y no hiciera un hip hop tan puro y eso era lo que queríamos hacer”.

Sin que David Bowie haya dicho una sola palabra, todo se gestó durante el año pasado. Entre jazz y vendajes, el misticismo alrededor del músico creció de manera impresionante; supo reinventarse, no por nada lleva 47 años de carrera. Un hombre nuevo, meramente dedicado a su arte sin la parafernalia de un show o éxitos pop, que fueron su base durante los 80. Blackstar, disponible a partir de hoy, 8 de enero.

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