Una despedida al Enfant terrible

Anabel Clemente

@Ana_cpr

La noche del 8 de junio de 1967, en la esquina formada por las calles de Londres y Génova, en la Zona Rosa, una multitud miraba al techo de un edificio de dos pisos, esperando que retiraran el telón que cubría “El Mural efímero”, la obra del llamado Enfant terrible (niño terrible), José Luis Cuevas.

Se trataba de un dibujo sobre papel de 24 metros que sólo estaría cuatro semanas en exhibición, antes de quemarse, un acto simbólico que pretendía acabar con la eternidad del muralismo mexicano que dominó el arte nacional después de la Revolución.

“Allí están los grandes trazos de Cuevas, desafiando, incitando. La gente aguarda algo especial, música o discurso, la diversión que se prolongue. Cuevas permanece un instante más. Desaparece”. Así narró el suceso, Carlos Monsiváis en su libro Días de Guardar.

Así era el también llamado Mexican boy wonder, un artista vanidoso, cínico, provocador… que llegó a las referencias de los escritores de su época, Ray Bradbury fue uno de ellos: “Podríamos adivinar que nació un Día de Muertos, en medio de un carnaval o en la pista de un circo”.

Ocho apuntes, José Luis Cuevas.

Bradbury se equivocó. Cuevas no nació en otoño, sino en los últimos días de invierno, la madrugada del 26 de febrero de 1934, en una fábrica de la colonia Roma, “El lápiz del águila”, propiedad de su abuelo.

Así también se adentró en las colonias históricas de la Ciudad de México para aprender de cine. Recorrió las salas del Imperial, del Palacio, del Cairo, del Colonial, del Edén, del Alameda, del Regis, del Teresa, del Princesa, para ver cine francés y mexicano, una herencia de su tía Rebeca, quien era fan del actor Charles Boyer.

“De niño vivía en la calle de Cuauhtemotzin donde había cantinas de poca monta y prostitutas callejeras; mi nana Lupe y yo caminábamos por ahí; esos primeros recuerdos me hicieron pintar”, confesó el escritor en una entrevista en 2013. Después desapareció de la escena pública.

Así surgió el Niño Terrible de la pintura mexicana, el cual plasmó su inquietud en dibujos, esculturas, pinturas, cartas, libros y hasta una candidatura política (en 1970 se lanza como candidato independiente para diputado local del primer distrito de lo que él, junto a Carlos Fuentes, llamó la Zona Rosa).

Yo en Nueva York , 1972, Autorretrato, José Luis Cuevas. Colección Miguel Ángel Muñoz

Este lunes 3 de julio, fuentes médicas confirmaron su muerte a los 83 años. Así como el mural efímero mostró su grandeza y acabó con la idea de la eternidad, su vida se apagó dejando atrás la historia de un genio de la pintura mexicana.

 

 

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