Una década sin el narrador del instante, Salvador Elizondo

Infidelidades con varias mujeres, sus cambios de ánimo, recuerdos, preparativos, miedos… fueron algunos de los secretos que descubrió Paulina Lavista al leer los diarios de su difunto esposo, Salvador Elizondo. Compartieron 37 años de matrimonio durante los cuales ella lo veía investigar, leer, escribir… Siempre escribir, además de sus libros, religiosamente plasmó sus ideas del día a día en libretas, desde su adolescencia (1945) hasta el 26 de marzo de 2006, tres días antes de morir.

“Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía…”, con estas líneas comienza El grafógrafo (1972). Justo eso hacía Elizondo, quien fue aspirante a torero en su infancia.

Retratar instantes era una de sus grandes pasiones. Eso hizo en Farabeuf, considerada una de sus mayores obras y que el año pasado cumplió 50 años de su publicación (noviembre de 1965); tenía 33 años cuando salió a la venta y lo colocó como un escritor cosmopolita y vanguardista.

Paulina Laista, viuda de Salvador Elizondo

Paulina Lavista, viuda de Salvador Elizondo

Tres años después, en 1968, Paulina se convertía en su segunda esposa (la primera fue Michèle Alban, con quien procreó a Mariana y Pía Elizondo). Romántico, celoso, iracundo, nervioso, tímido, simpático, risueño, ocurrente, borracho, difícil, exigente y obsesivo son alguno de los adjetivos con los que ella lo recuerda.

“…le gustaban irresistiblemente las mujeres, amaba a los animales y a las plantas, el paisaje mexicano, comía chile chipotle, tacos de carnitas, chapulines, sopa de fideos y fumaba, a veces, mariguana, usaba paliacates, zapatos ingleses y tweed irlandés (“el Harris tweed es la base, mamacita, de un buen saco”, me decía), lloraba con la poesía y sobre todo era un escritor…”, escribió.

Enamorada desde los 12 años de aquel hombre al que vio “ataviado con un saco de tweed, pantalón de paño gris Oxford, zapatos ingleses, corbata del regiment, tal vez chaleco a cuadros, con un corte de pelo particular, moreno, de finas facciones, cejón, menudo, vivaz, simpático, ingenioso, aguerrido en sus discusiones contra los otros asistentes”.

Su futuro profesional se debatía entre las artes plásticas, el cine y la escritura. Ganó está última tras el éxito de Farabeuf, al que le siguieron En El hipogeo secreto (1967) y los ensayos Cuaderno de escritura (1969), El Grafógrafo (1970) y Teoría del infierno (1992). También escribió la obra de teatro Miscast (1978) y la novela corta sobre su estancia en la escuela militar de Estados Unidos, Elsinor (1988).

Pese a inclinarse por las letras jamás dejó la creación artística, muchas de la anotaciones de sus diarios (publicados por el Fondo de Cultura Económica) están acompañadas de dibujos, bocetos o caligrafías chinas, país y cultura que admiraba Elizondo, al igual que Irlanda, la patria de uno de sus autores favoritos, James Joyce.

“Mi visión esencial del mundo es poco edificante; en realidad no para ser difundida. En esto no creo ser una excepción a la regla o si lo soy, soy la excepción que la confirma. Nuestra idiosincrasia está hecha de los prejuicios que se resumen en nuestras opciones y ni siquiera por lo que respecta a mi propia persona me considero en posesión de una visión clara”, escribió el ganador del Premio Xavier Villaurrutia.

El fallecido Carlos Monsiváis lo describió como “el excéntrico que vivió parte de su niñez en la Alemania nazi, el europeizado por los viajes y el mexicanizado por el cine, el admirador belicoso de Nietzsche, Julio Verne, Valéry, Pound y Edmundo D´Amicis, el espíritu inclasificable que se detenía por minutos en la evaluación y descripción de una palabra, o en el rechazo de un lugar común… el aficionado al cine que quería dirigir, el dibujante que entre risas (suyas) se azoraba por la semejanza de sus dibujos con los de Picasso”.

El 29 de marzo de 2006, a los 73 años, falleció Salvador Elizondo, el segundo escritor mexicano en recibir un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes.

 

Para conmemorar

Exposición Los caminos de Elizondo

Lugar: Colegio Nacional

Fecha: a partir del 6 de abril 

 

Lizeth Gomez

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