Una cierta mirada a Roma

Nominación al Oscar

Por Juan Fernando Martínez

@Lolobatata

Roma transcurre y se desarrolla en lo sonoro antes que en lo visual. El agua crea un espejo entre baldosas de un patio –representación de un universo en el que se forjan los afanes y los juegos– donde un avión atraviesa el cielo. Punto de partida y puerto de llegada de la historia.

La historia se desarrolla a partir de una cierta mirada en la que los personajes nunca son perturbados por ella. La sensación de que no pasa nada es ilusoria. No todo lo que ocurre se deja ver directamente: hay reflejos, insinuaciones, efluvios.

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El discreto encanto de la quietud no excluye los dramas de la historia y las peripecias de sus personajes. El relato es fiel a sus ritmos.

Ellos en cambio, cobran dimensión en esa cierta y cada vez más compleja mirada undívaga, pero descifrable.

Los personajes constituyen un coro. Su sobria complejidad no reclama estridencias, basta ser vistos de reojo para percibir su complejidad.

El contexto histórico no se ve entorpecido con panfletismo alguno. La celeridad corre por cuenta del conflicto político, su irrupción violenta, su carencia empática, su ensimismamiento y sordera.

Ante la ruptura y quiebre en la existencia de los personajes, un viaje a la costa propiciará el reencuentro y dará pie al abrazo conjunto, a la icónica de una película que seguirá animando conversaciones.

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