Tres décadas del adiós al “Salvador del arte”

Anabel Clemente
@Ana_cletre

Eran las 8:45 de la mañana del 11 de mayo de 1904, en la provincia de Gerona, España, cuando se escuchó el llanto de quien dos décadas después se autodenominaría “el Salvador del arte”.

Hoy se cumplen 30 años de la muerte de Salvador Dalí.

Fue el segundo hijo de una pareja de clase media. Nació nueve meses y diez días después del funeral del primer Salvador Dalí, su hermano, según cuenta él mismo en su biografía (Diario de un genio).

En 1916 descubrió la pintura contemporánea a través del artista Ramón Pichot, pero tenía una admiración notable por el arte clásico y renacentista. Así comenzó a pintar óleos y acuarelas.

El niño enfermo es el título de su primer autorretrato, realizado cuando tenía sólo 10 años.

“No podía resignarme a la pérdida del ser con quien contaba para hacer invisibles las inevitables manchas de mi alma”, cuenta el pintor sobre la muerte de su madre, la cual ocurrió cuando tenía 16 años. El primer suceso que trascendió en su formación.

El otro episodio fue el segundo matrimonio de su padre, con su tía. En ese periodo vio en su hermana Ana María (cuatro años más joven que él) a su primera musa. Y halló la perfección de su técnica.

Su conocimiento de pintura renacentista, su interés por los descubrimientos científicos y su curiosidad por la filosofía y la psicología lo llevaron a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, en 1921.

Pero su anarquía y egocentrismo lo llevaron a minimizar la enseñanza de sus profesores, por lo que fue expulsado. También fue arrestado: pasó doce días en la cárcel de Girona.

Esa personalidad fue su sello característico, el cual se consolidó a partir de su arribo a París, en 1929, cuando se reunió con los surrealistas, liderados por André Breton.

“Fui un estudiante de los surrealismos tan concienzudo que rápidamente me convertí en el único ‘surrealista integral’. Hasta tal punto que acabaron por expulsarme del grupo por ser excesivamente surrealista”, explica también en su biografía.

En ese periodo conoció al que fue el amor de su vida: Gala. Ella se convirtió en la segunda y más importante musa de su obra, la de la época más productiva: El gran masturbador, La persistencia de la memoria, La crucifixión, La última cena… fueron los cuadros que se vendieron, reconocieron, celebraron y criticaron.

La personalidad extovertida, el aceptar que el arte era para venderse, el amor intenso por una mujer diez años mayor (que además fue esposa de uno de sus amigos, el poeta Paul Éluard), su egocentrismo, su rechazo del grupo surrealista, su relación con Federico García Lorca, y, en contraste, su trabajo para el dictador Francisco Franco, lo convirtieron en una figura mítica.

“Estoy convencido de ser el salvador del arte moderno, el único capaz de sublimar, de integrar y de racionalizar imperialmente, embelleciéndolas, todas las experiencias de los tiempos modernos”, aseguró antes de morir.

El 23 de enero de 1989, el hospital de Figueres fue sede del último respiro del hombre de 84 años que es recordado y celebrado en la influencia que dejó a los nuevos artistas. Su cadáver yace bajo la cúpula geodésica que domina su museo en su ciudad natal.

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