Transmisión de la muerte en vivo

Por Anabel Clemente Trejo

@Ana_cletre

Desde las gradas esperaban el lanzamiento, llevaban horas especulando el por qué del retraso, pero la voz en la bocina calmó el misterio: “Go for main engine start” (“adelante, encendido de motores principales”).

En coro realizaron la cuenta regresiva “10, 9, 8”; el corazón latió cada vez más fuerte “5, 4, 3”, apretaron sus manos entrelazadas y vieron la nave separarse del piso.

Los aplausos y la alegría no opacaron el estruendo de los motores. Junto al resto de los visitantes, los papás de Christa McAuliffe, la primera civil en salir de la Tierra, celebraron la hazaña tecnológica de Estados Unidos, viajar al espacio.

Miraban con emoción lo que su hija de 37 años lograba, el sueño de ver de cerca las estrellas. La felicidad de aquellos padres era suficiente para decir que ése era el mejor día de su vida… hasta que una nube blanca, a 15 kilómetros de distancia, puso en duda la eficacia de la NASA, la agencia espacial que había ganado a la Unión Soviética la carrera lunar con el Apolo I o que había conseguido misiones tan importantes como las Viking a Marte y las Voyager.

Esa fría mañana del martes 28 de enero de 1986, los padres de McAuliffe, como 12 millones de estadounidenses, fueron testigos de la desintegración del transbordador Challenger, con una tripulación de seis astronautas y la ganadora del primer concurso de “Maestros en el espacio”.


La astronauta civil compitió contra 11 mil solicitudes para el concurso El profesor en el espacio, el segundo lugar lo consiguió Barbara Morgan, una maestra de matemáticas de 35 años.


 

Esa participación de ciudadanos de a pie era parte del esfuerzo de la Administración Ronald Reagan por presentar a Estados Unidos como un gran país de héroes, durante la Guerra Fría.

Existen teorías que culpan a la oficina de relaciones públicas de la agencia espacial por presionar para que el despegue aquella mañana se realizara, pues éste se retrasó en ocho ocasiones y era fundamental tener a la maestra dando clase mirando a las estrellas como estrategia para convertir a la NASA en una entidad empática con la población. Después de ese accidente el programa de lanzamientos quedó en pausa. La siguiente misión sería en abril de 1990, con el Discovery.

«Nosotros pensábamos que el futuro estaba lejos. El futuro es ahora mismo, y los jóvenes necesitan considerar que el programa espacial es una oportunidad para trabajar» Christa McAuliffe

Una misión reciclada

El programa del transbordador espacial de la NASA conseguía su misión número 25 con la STS-51L del transbordador Challenger, que contaría con un vehículo reutilizable para reducir los costos de despegue hacia el espacio.

El sistema estaba compuesta de tres partes, el orbitador y los motores de propulsión sólida, que se reutilizaban para siguientes misiones, y el tanque externo de combustible, el cuál sí se construía para cada lanzamiento.

El Challenger voló por primera vez en 1983 y para su último despegue ya había realizado nueve misiones, que representaban el 85% de las realizadas para el programa en un año (83-84).

 

“La decisión fue equivocada”

En junio de 1986 Ronald Reagan hace público el informe de la investigación, un compendio de 256 páginas entregado 132 días después del lanzamiento. En documento se afirma que se trató de un defecto de diseño en las juntas de unión del cohete propulsor derecho.

El texto explica que la NASA no corrigió un defecto de diseño en los anillos que sellan las juntas que unen los cohetes propulsores y que no atendió las advertencias de los ingenieros de Thiokol, el fabricante de los propulsores.

El transbordador se desintegró a 72 segundos de haber despegado, pero según las últimas investigaciones, tres integrantes de la tripulación pudieron haber sobrevivido dos minutos después del estallido, se colocaron el oxígeno en los cascos y el resto queda a la imaginación, pues su agonía duró hasta que la cabina chocó con el Atlántico a 333 kh/h.

 

Challenger 2

Data por Diana Estefanía Rubio

@NIAA89

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