También los españoles mejoran los libros en la pantalla

Por Francisco Contreras

La semana pasada hablé sobre el cine francés y cómo logró mejorar un libro de por sí bueno; ahora toca el turno a España con la película El autor, escrita-dirigida por Manuel Martín Cuenca, basada en la novela El móvil, de Javier Cercas, y que podemos encontrar en Netflix.

La historia, ambientada en Sevilla, muestra a Álvaro en su intento por escribir una novela, termina basándola en las vidas de sus vecinos aprovechando lo que escucha a través de la ventada del baño de su departamento que da al cubo en la parte trasera del edificio, a lo que después añade un supuesto complot para vaciar la caja fuerte del señor desconfiado con los bancos, que vive en el último piso.

Y aquí es donde viene lo interesante, pues sobre El misterioso sr. Pick dije la semana pasada que el director compactó la novela de David Foenkinos, pero en este caso Martín Cuenca hizo lo contrario, amplió el relato de Cercas, desde el inicio de la película con Álvaro siendo engañado por su esposa —a quien abandona para irse a vivir solo a un departamento donde lo primero que hace es instalar su escritorio, computadora e impresoras aparentemente nuevos.

Pero —mientras en la pantalla muestra su férrea disposición a escribir el libro que lo convertirá por fin en novelista—, el libro parece ser consecuencia del best seller de su exesposa, la infidelidad, dos meses de vacaciones que se ve forzado a tomar y su fracaso en un curso de redacción en el que lleva varios años, el libro no es más que un paso natural de Álvaro para convertirse en escritor.

De hecho, la historia original transcurre sin la exesposa, las vacaciones (trabaja por las mañanas en un bufete jurídico de defensa laboral y escribe por las tardes), ni el curso, pues la novela inicia con él pensando entre si escribir en verso o en prosa, poema o novela. Por lo demás el libro marca su llegada al edifcio varios años atrás y tras una separación en la que no ahonda más.

Más allá del carácter cuasi patético que Álvaro adquiere en el filme, hay cambios menores, como que la familia de migrantes mexicanos a la que espía, y en quienes basa su novela, vive en el mismo piso que él y en la historia de Cercas habitan en un nivel superior a él.

También en el libro Álvaro mantiene su trabajo y hasta tiene coche, en el que lleva un par de veces a su vecino al trabajo en la fábrica de Seat aunque no le queda cerca, mientras en la película ambos toman un camión con el pretexto de que el defensor público tiene una reunión en la misma ruta.

Así que, la mayor diferencia entre ambas versiones es qué tan patético y pusilánime es el aspirante a novelista, aunque debo añadir que aunque ese aspecto aparece velado en la de Cercas, al ser resaltado se convierte en su razón de ser ante los golpes que recibe y termina por propulsar la historia, dejando en segundo plano la trama de su novela sólo para sorprendernos con el otro gran cambio: el final.

No te preocupes, no revelaré nada, sólo diré que el último acto de la película fue una gran adición y cierra justo la gran transformación de Álvaro del pusilánime al manipulador. Muy recomendables ambas, pero más la película.

Aunque a los ejemplos francés y español de El misterioso sr. Pick y El autor se le pueden añadir otros, también hay casos en que la adaptación no se acerca siquiera a los “talones” del libro en el cual se basaron. En esta parte de las que quedaron a deber quiero abordar Ceguera.

En esta obra basada en Ensayo sobre la ceguera, del portugués José Saramago, pareciera que el guionista Don McKellar y el director Fernando Meirelles no se decidieron entre si hacer una interpretación propia de la historia o adaptar la idea original, haciendo un filme terriblemente lento, dejando a un lado ese tan típico ritmo de Saramago, con el peso de la historia totalmente en el renombre de Juliane Moore, Mark Ruffalo y Gael García, aunque sin mucho que salvar.

Y es que no sólo los diálogos se sienten forzados, sino que para la película prefirieron fijarse en cosas diferentes que en el libro, pues en éste tiene gran relevancia el hecho de que la esposa del doctor (interpretada en el filme por Julianne Moore) sea la única que nunca perdió la vista, así como todo lo que siente por ser “inmune” al padecimiento y testigo de la devastación de la ciudad en que se desarrolla la trama.

La cinta parece ser un ejemplo perfecto de lo que Kundera y Foenkinos, tanto han recriminado en sus libros: estamos en una época en la que se prefiere la forma sobre el contenido, pues intentaron tanto asemejar la civilización descrita por Saramago que dejaron de lado las palabras del libro. Lo podemos ver en esos “cortes” entre la película en que la pantalla queda completamente en blanco a pesar de escuchar las voces de los actores, supuestamente para dar al espectador la ilusión de haberse contagiado, pero que, al menos para mí, no cumplió su cometido y sólo parece error de edición.

Sí, sé que es difícil la transferencia de un medio a otro, sobre todo si la obra original es excelente, pero creo que el primer paso es que la película pueda sostenerse por sus propios medios y que le guste a la gente haya leído o no los libros, como la Grandes esperanzas, de Alfonso Cuarón, que fue una buena versión aunque no completamente fiel al libro, Hamlet en su reencarnación como Simba, o las de Harry Potter, cuyas historias se sostienen fuera del papel (debo reconocerlo), o las clásicas de Alfred Hitchcock.

Así que creo que si se va a adaptar un libro, la película debe ser buena por sí sola, con su propio ambiente y recursos, para al menos poder decir “es mi versión de la historia”, y evitar pretender que el talento de los actores, la expectativa o la nostalgia que ésta provoque en aquellos a quienes les encantó el libro (como El amor en los tiempos del cólera), levanten la trama y superen los diálogos mal logrados y las producciones pobres, como en Ceguera.

Teniendo en mente esto de la adaptación y la interpretación personal del director, hay que recordar que algunas historias sobrepasarán siempre al cine, pues fueron pensadas para otra cosa y como un todo que no admite ser descuartizado. Con este pensamiento me prepararé para ver Doctor sueño, la continuación de El resplandor, que se estrenará en noviembre. A ver qué tal quedó sin la mano de Kubrick.

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