Snatch, multiculturalismo y humor negro

Por Tapia Romero

@Daromtap

Con la consolidación de la industria cultural dentro de las sociedades en la segunda mitad del siglo XX, el arte comenzó su rumbo hacia la práctica de un ejercicio creativo basado en el juego y difusión de los estereotipos, ante esto el cine no pudo ser la excepción. Ya sea dentro de las historias planas hollywoodenses o en las obras hiperreales y poco convencionales del cine de culto —clasificación cinematográfica no bien definida, con obras muchas veces no bien realizadas—, la imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable se conservan, es más, se arraigan aún en mayor proporción.

Ante esto, pero sin pasar de largo los cánones impuestos por una sociedad de consumo, el director y guionista británico Guy Ritchie nos trae una película circunstancial, Snatch: Cerdos y diamantes. Obra que parte de la utilización de la sátira para transgredir los arquetipos sociales buscando siempre captar con humor negro la atención del espectador, ya sea mediante un grupo de raza negra, hombres que recuerdan a lo largo de este filme que el sistema social impuesto por la raza blanca es un mundo de logros limitados para el individuo de color, o será en vano aquella imagen de los tres tipos de tez oscura viajando en un auto compacto con la bandera inglesa al frente, inevitablemente un recuerdo al apartheid.

Pero entre perros también hay razas, cita el refrán popular, y este film no es la excepción, pues en medio de un ritmo vigoroso donde la muerte y todo lo que está relacionado con ella es la única constante, se observa en cada uno de los protagonistas de esta historia que hasta en la interacción de gente de piel clara se da la segregación racial, o visto de otra manera, social.

No se puede pasar de largo el diverso desfile de sujetos que interactúan de forma corrosiva, muchas veces exótica, ya sea desde el acto incidental de un ruso de nombre Boris «el Navaja» (Rade Serbedzija) que contrapone sus intereses a los de un yanqui acaudalado y triunfador llamado Avi (Dennis Farina) en la lucha por el objeto del deseo y del poder, un gran diamante, hecho que nos recuerda a la guerra fría; o la relación de codependencia existente entre Tomy (Stephen Graham), el Turco (Jason Statham) y su represor el gánster llamado “Ladrillo” (Alan Ford), siempre por encima del amor propio. ¿Habrá querido ironizar el director el síndrome de Estocolmo?

Pero este mosaico global y mundializado no podría estar completo sin la presencia de Mickey O’Neil (Brad Pitt) el gitano irlandés —cabe aclarar que no es una película de Kusturica— difícil de domesticar y de controlar, el que por su forma libre de vivir y su apego a sus propias costumbres y tradiciones, no sólo no encaja en la sociedad, sino también espera la mejor oportunidad para sacar la mejor tajada de la partida.

Snatch: Cerdos y diamantes, película realizada a base de la memoria colectiva, a lo impuesto por la tradición, de ahí se explica el por qué de las acciones y decisiones de cada uno de los personajes dentro de este absurdo mundo que pregona respeto a lo diferente, pero para pisotearlo.

Cerdos

Ritchie en esta pieza cinematográfica recrea una atmósfera ácida, la cual es representada por las diferentes paletas de tonalidades ocres y pasteles que inundan la pantalla, la saturan hasta reflejar el delirante germen de demencia incubado en las entrañas de la sociedad multicultural.

Pero siempre hay algo oculto detrás del sol y esta vez no es la excepción, pues la propuesta de esta realización no es novedosa, pues los papeles que interpretan los actores no son sino una aliciente para conservar su propia imagen. Por ejemplo, es inevitable observar a Brad Pitt en esta obra y no recordar El Club de la pelea, así como ver a Dennis Farina y no advertir su largo camino como mafioso (Men of Respect, Get shorty).

Por otra parte, en el terreno de lo técnico vemos un uso de la cámara basado en frenéticos planos, generalmente con extrañas angulaciones, cámara fija, recordando sus antecesoras películas de los noventa, en otras palabras, ¿no recuerdan MTV?

Diamantes

Alguna vez Voltaire, filósofo y escritor francés, señaló “lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido”, y Snatch mediante una fusión excéntrica de comedia y tragedia, realismo y fantasía, en esencia, demuestra que la vida es una celebración inextinguible de vida que se disfruta para morir. Además de que una trama rítmicamente bien llevada en la que el espectador se irá internando sin el menor reparo por los terrenos del absurdo, es rentable.

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