Sexo con gigantes, kilómetros de placer

Por Jesús Chavarría

@jchavarria_cine

En el campo de la ficción se han explorado, una y mil veces, las posibilidades sexuales que podría ofrecer un cuerpo femenino de colosales dimensiones. Se trata de una fantasía exótica, inquietante y recurrente. Pero tal circunstancia no debería de extrañarnos, ¿qué acaso no es eso lo que siempre ha soñado el hombre desde el principio de los tiempos?… mmmmm, bueno, no, pero no deja de ser algo que se antoja realmente delicioso.

Sus formas femeninas hoy son parajes interminables que ofrecen un cumulo de evocadoras y extraordinarias sensaciones. Deslizarse por sus senos —casi como entre montañas—, para pasar entre sus piernas, mientras sus rodillas parecieran alcanzar el cielo, es solo el principio de un viaje de misterioso placer. Llegar hasta el fondo es la meta, penetrar para sentir y perderse ahí hasta que la existencia cobre sentido.”

Esta es una forma de describir el breve episodio incluido en la película Hable con Ella (2002), de Pedro Almodovar. Ahí se muestran las desventuras de un hombre que poco a poco va disminuyendo su tamaño, hasta ser una miniatura, al recorrer el cuerpo de su amada y terminar por perderse en sus profundidades. El Amante Menguante le llamó el director manchego, una referencia evidente a la célebre cinta de Richard Mathenson, titulada El Increíble Hombre Menguante (1957) —adaptación de la novela The Shrinking Man, con una contraparte cómica de 1981, La increíble mujer menguante—, y que en un tono de suspenso exploró el hecho de verse enfrentado a una mujer de gigantescas dimensiones. Dos visiones —ambas a blanco y negro— que reflejan lo que suele relacionarse con la acrofilia —excitación por las alturas— y la macrofilia —fijación por personas obesas y el gusto por sentirse aplastado—, lo que en el entretenimiento puede rastrearse a través de relatos como Pascualino y los Globos, narrado en primera persona por un hombre, segundos antes de morir asfixiado bajo el trasero de una mujer extremadamente obesa, o en el Bakunyuu, subgénero del hentai —animación japonesa para adultos— que abarca a chicas poseedoras de senos descomunales. En fin, tal vez la fantasía sexual con mujeres gigantes como protagonistas, corresponden a ambas definiciones, pero el asunto, es que han dado pie a insólitas producciones tanto para la pantalla grande, como para la televisión. Entre ellas, curiosamente, la más representativa es una que, contrario a las arriba mencionadas, no tiene que ver con hombres que se vuelven diminutos.

Dirigida por Nathan Juran —responsable de otra película con monstruo gigante incluido, A 20 millones de millas de la Tierra (1957)—, y antes de que la serie Tierra de Gigantes (1968) —sobre viajeros espaciales perdidos en un planeta dominado por humanos colosales, con cero contenido erótico o sexual— hiciera historia en la televisión, se estrenó El Ataque de la Mujer de 50 Pies (1958), uno de los ejemplos más claros del doble juego en el discurso. Por un lado, se presenta como un reclamo de la mujer oprimida por la sociedad machista —la trama sigue los pasos de una esposa sometida— que luego de entrar en contacto con extraterrestres comienza a aumentar de tamaño, hasta convertirse en una gigante e ir a atacar el bar en dónde su marido suele embriagarse. Esa es la anécdota básica, pero al mismo tiempo, cada una de las escenas termina por convertirse en una colección de sugerencias sexuales, relacionadas con el “aberrante” tamaño de la chica. Incluso desde el cartel mismo, en dónde se ve a la otrora concursante de Miss América —Allison Hayes, protagonista de la cinta—, luciendo su gigantesca belleza por encima de la ciudad, y con la autopista pasando por en medio de sus piernas. Todo esto sería aderezado con un tono de humor, en el remake de 1993, que encontró su protagonista ideal en la sex-simbol de la época. En este caso las referencias sexuales son aún más obvias, con una Daryl Hanna en el máximo esplendor de su belleza —sus senos perfectos y su bien torneado trasero, pero por kilómetros—, tratando de hacerle ver al pusilánime de su marido, todo lo que ahora puede ofrecerle, “Imagina las posibilidades” le dice, en realidad todos nos las imaginamos. Pero la cosa no terminó ahí, el concepto fue más allá en una versión ya totalmente paródica de 1995, Attack of the 60 ft. Centerfold, en la cual una modelo —interpretada por la exuberante rubia, J.J. North— ingiere una fórmula que le hace crecer; el cartel es todavía más obvio, ahí se ve a la chica parada entre dos edificios, mientras a sus pies, desde un carro de bomberos con la escalera desplegada, un par de traga-fuegos arrojá agua con una manguera, apuntándole directamente en medio de las piernas. Por si eso fuera poco, hace apenas un par de años, llegó Attack of the 50 ft. Cheerleader con una linda porrista como protagonista —Jenna Sims, convertida en una gigante con falda muy, muy corta— que en el cartel aparece, brincando con las piernas abiertas, mientras un balón de fútbol americano pasa por en medio de ellas. Y bueno, todo esto ya fue parodiado con acierto, en una de los especiales de hallowen de Los Simpson, titulado Attack of the 50-Foot Eyesores, además de que ya tuvo una versión infantil a través de la cinta de Dreamworks, Monstruos vs Aliens (2009), en la que para variar, la chica en cuestión vuelve a ser desairada por el que se supone debía convertirse en su marido.

Por otro lado, en esta categoría también se pueden incluir chicas que, sin ser gigantes en el sentido más obvio, son sumamente enormes y eso las hace muy pero muy sexis. La más popular de ellas pertenece al mundo de los cómics, se trata de la Mujer Hulk —cuyo alter ego es Jennifer Waltters y tuvo su primera aparición en 1980—, quien debido a una generosa transfusión de sangre de su primo Bruce Banner se convierte en una versión femenina del famoso “Gigante Esmeralda”. En sus primeras apariciones esta súper heroína verde no pasó de ser solo una variante del ya mencionado personaje, pero conforme fueron avanzando los años, los escritores de Marvel Cómics se dieron cuenta del potencial que tenía y comenzaron a desarrollarle historias con tintes un tanto más eróticos e incluso algo cómicos. En su momento, ha tenido que lidiar no solo con los consabidos supervillanos, sino también con amarillistas paparazzis, que tratan de sorprenderle captando sus encantos en las situaciones más íntimas, como la ocasión en que en la azotea del edificio Baxter —casa y cuartel general de los Fantastic Four— se le ocurrió salir a asolearse al natural. Sin duda es la mujer enorme más famosa de los cómics y un vehículo estupendo para hacer explotar la imaginación, no solo pensando en lo que su tamaño puede ofrecer, sino también su musculatura y su peculiar color de piel. Pero si le mencionamos a ella, no podemos dejar de referirnos a su antecedente directo, Wonder Woman. La famosa amazona —creada por el psicólogo estadounidense William Moulton Marston, en 1942—, si bien no alcanza a entrar en la categoría de gigante, es un clásico de los cuerpos femeninos musculosos como fetiche. Sus aventuras desde un inicio, estuvieron llenas de sugerencias sexuales bondage. En muchas de sus portadas se le puede ver atada y sometida, con diversos tipos de sogas y cadenas, y en poses que dan mucho en que pensar. Una de sus archienemigas, Giganta —no podía llamarse de otra forma y cuya primera aparición es de 1944—, es otra de las mujeres colosales que ya sea con ropajes tipo cavernícola o con el acostumbrado espandex de colores, han hecho acto de presencia en los cómics, pero irónicamente todas han pasado casi desapercibidas, sin siquiera compararse con la trascendencia de la sensual chica verde, y mucho menos con la amazona de DC Cómics.

En cuanto al campo de la animación, una de las series japonesas más populares de este último año es El Ataque de los Titanes, que presenta una espeluznante historia con gigantes amenazadores que deambulan desnudos y sin piel que les cubra los músculos, pero con mínimo contenido erótico o sexual. No así uno de los episodios de Futurama, la incomprendida producción de Matt Groening —creador de Los Simpson— protagonizada por un repartidor de pizzas del siglo XX que, luego de quedar atrapado en un tubo criogénico, despierta miles de años después en un futuro con humanos, mutantes, extraterrestres, robots y demás, conviviendo por igual. En esta insólita aventura, visitan un planeta dominado por mujeres amazonas gigantes y en dónde el género masculino ha sido extinguido. Ahí al sexo suelen denominarlo como “snus nu”, y lo usan para castigar a los protagonistas —incluyendo a un extraterrestre verde con apariencia anfibia y al mismo robot Bender— que consideran invasores. En un inicio los condenados reciben la sentencia con alegría, pero luego de ser “castigados” por un buen rato, terminan exhaustos y adoloridos. Uno de los episodios más divertidos de la serie, con chistes sobre la misoginia y el machismo, e ingeniosas sugerencias sexuales, amén de plasmar lo que para muchos tal vez sería el más agradable de los castigos, morir por “snus un” o ¿acaso no es esto con lo que siempre ha soñado el hombre, desde la primera vez que volteó a mirar las estrellas? Bueno, en realidad no, pero ¿a poco no se antoja?

0 Comments

No comments!

There are no comments yet, but you can be first to comment this article.

Leave reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *