Se acabó el juego del ángel y del viento

Por Francisco Contreras

Hoy se nos fue Carlos Ruiz Zafón, el escritor de los ángeles, los dragones y la niebla. Pero lo que es más importante, quien nos enseñó sobre la biblioteca de los libros olvidados.

Del autor español destaca su alejamiento de los bullicios, de la farándula y los escándalos, dando siempre su valor a los libros, a quienes homenajeó con su pentalogía del Cementerio de los libros olvidados, de la mano de Daniel Sempere y esa escena en que despierta desesperado por no recordar el rostro de su madre muerta varios años atrás. Un miedo recurrente en quienes hemos perdido a alguien.

Pero el pequeño Daniel, de ocho años entonces, es reconfortado por su padre el librero al llevarlo por las calles de Barcelona hasta una casona a punto de derrumbarse y tras cuyo portón se esconde la gran biblioteca donde van a parar todos aquellos libros que se editaron alguna vez en compañía de los que nadie quiso o nadie recordará, con el único propósito de resguardar su alma; lo que justamente lleva al aprendiz a conocer al escritor maldito Julián Carax, sombra que lo va acompañando mientras crece, se enamora, sufre y hereda la librería.

Y pensar que durante el primer tomo, El juego del Ángel (2001), el mayor deseo de Daniel fue la pluma fuente de Víctor Hugo que encontró en una tienda de las ramblas. Supongo que para su autor, fue componer la sinfonía que alguna vez tocó frente a un público selecto y que aún se puede escuchar en su página web, con pasajes musicales que bien recuerdan las andanzas de sempere, su esposa Beatriz y el extorero Fermín Romero de Torres.

Paradójicamente, la historia sería perfecta para una serie de televisión donde podamos adentrarnos en la Barcelona postfranquista, con sus ramblas y sus tantos edificios y calles icónicas, pero Ruiz Zafón siempre se negó a ceder los derechos porque esta historia, siendo homenaje a los libros, debía quedarse en ese formato, y no está por demás que de ahí surge y termina todo.

Nos quedarán sus novelas góticas que lo mismo mezclaban misterio, aventura y romance, con su arquitectura y sus crónicas costumbristas que aunque recuerdan un poco a los clásicos y a Idelfonso Falcones, a la vez no tiene nada que ver con un estilo tan propio, tan de Sempere, Bea, Fermín, Carax y del Montjuic.

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