Say yes to Tijuana

Cantinas, bares, tables, restaurantes y los burro-zebras dan la bienvenida al turista sobre la avenida Revolución; recibe a migrantes ilegales, a gringos, coreanos y mexicanos por igual

Por Anabel Clemente Trejo

@Ana_cletre

Una cabeza Olmeca, un calendario Azteca, un Atlante de Tula, una estela Maya… enmarcan la Avenida Revolución, la más antigua de la esquina de México. Cantinas, bares, restaurantes, tiendas de souvenirs y los burro-cebras dan la bienvenida a migrantes ilegales y turistas por igual, bajo el lema Welcome to Tijuana.

Say no to drugs, say yes to tacos”, se lee en uno de los establecimientos que ofrece tacos varios, ese platillo que los chilangos conocemos como tacos de guisado, pero que ahí tienen una delicia definitiva: la carne asada.

Frente a ese restaurante (sobre la Revu), Rubén espera a sus primeros clientes. El escenario es una carreta con un mural de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, adornado con sombreros coloridos de paja, carabinas de madera y zarapes, él es uno de los seis burro-cebras que trabajan durante el día.

La calle que da inicio a la línea internacional —y se anuncia a lo lejos con un arco de acero en el que, a principios de año, se inauguró una pantalla de 35 metros donada por Samsumg— cruza con otras avenidas que tienen los placeres mundanos: alcohol, drogas y “carne”.

En la Sexta se encuentra El dandy del sur, una cantina de 1957, que por la fachada no parece más que un bar de paso, pero al ingresar cambia la perspectiva. Una barra de madera bien surtida, sillas y mesas acomodadas bajo espejos largos, fotografías viejas e instrumentos musicales de antaño, que se observan al cruzar las clásicas puertas del viejo oeste. Se encuentra un ambiente bohemio que opaca el anuncio de luces de neón en el exterior.

Si lo que se antoja es beber cerveza, mientras la rockola sonoriza el ambiente con voces sesenteras (alejen a los amantes de Shakira porque sí hay discos de ella en la rockola), lo ideal es llegar al Zacas, que en realidad se llama Zacazonapan. Situado en la primera (un tanto alejada de la Revu) —dice el bartender— Manu Chao, Rubén Albarrán y Miguel Huidobro (personajes de la cultura contemporánea) son clientes asiduos. Pero es indispensable que te guste el aroma del cannabis, si no, lo pasarás mal.

Coahuila es la otra calle famosa, ahí las minifaldas, los escotes y los tacones con plataforma dominan el asfalto. Es “el mercado de la carne”. Construcciones majestuosas albergan a mujeres sonrientes y sensuales, no importa su nombre, sólo el cuerpo, algunas cubren sus rostros, otras los enmarcan con sombras de colores.

Los tables más famosos se encuentran ahí: El Adelita y el Hong Kong, en éste hombres gigantes cuidan que nadie entre sin pagar: cinco dólares te dan el ingreso y una cerveza. No importa si eres hombre o mujer, ni turista o ilegal, ni heterosexual u homosexual, eso sí, te piden una identificación que acredite tengas 18 años.

Al entrar la cantidad de extranjeros que manosean a las bailarinas es mayor, en especial gringos y asiáticos. Las mujeres de diferentes estatura, color de piel u origen, bailan sin parar, se dejan tocar, nalguear, lamer y por supuesto se permiten recibir billetes verdes de quién sea que quiera atorar en sus diminutas prendas.

Pero la carne también se come, en la esquina de Coahuila y Niños Héroes los tacos de asada y adobada comprueban que en el norte del país se tiene la mejor carne. Jorge, el señor que atiende el puesto ambulante es un sinaloense que se arraigó en la ciudad que se convirtió en punto turístico desde la ley seca en Estados Unidos (1920-1933), él sabe que Tijuana es más que “tequila, sexo y marihuana”, como canta Manu Chao; es una ciudad que exhibe lo mexicano y transforma lo extranjero, que por la presencia multicultural crea su propia identidad.