Sabina vs. Arjona por la misma mujer

Por Francisco Contreras

Sin tregua y en plena cuarentena, Ricardo Arjona lanzó el primer sencillo del disco que estrenará a fin de mes. Se trata de “Hongos”, que en su video el compositor se muestra similar al Freud de la reciente serie –sólo le falta la médium—, y con esto recordé la vez en que el guatemalteco compitió con Sabina por la misma mujer.

Supongo que te ha pasado alguna vez como a mí, que estaba redactando uno de mis análisis de libros y sus películas con música de YouTube de fondo, cuando en una extraña sucesión de hechos pasó “Sin ti sin mi” de Arjona seguida por la canción del español, “Así estoy yo sin ti”, dejándome notar aquellas coincidencias.

Lo primero que se destaca en la canción del español es su forma de expresar a su bien amada cuánto le importa su vida sin ella con frases como “torpe como un suicida sin vocación”, añadiendo que además se siente “vacío como una isla sin Robinson” y “febril como la carta de amor de un preso”.

Sin embargo, tampoco es como si su vida se hubiera detenido, pues no quiere parecerle dependiente de ella, por lo que después afirma “errante como un taxi por el desierto”, pero tan solo “como un poeta en el aeropuerto”.

Mientras que el guatemalteco, en su canción, apuesta por preguntarle por su nueva vida y recordar un poco de lo que fue su relación en una especie de autopsia con interrogantes como qué hace “una duda en un gurú” o “¿qué hace Frida sin sufrir?”, a lo que le añade un pequeño gancho al afirmar que “si así como quien no quiere la cosa, más fácil dispara rosas un misil, que tú un quizás”.

Tras lo cual, parece que le llega el remordimiento y mejor le cuestiona “¿qué estás haciendo tú?, ¿qué estoy haciendo yo?” en un intento por recordarle su pasado juntos, aunque él mismo se responde, quizá especulando algún despecho de la mujer al afirmar que ambos están “subastando en el mercado besos tan improvisados con despecho al portador”.

Hasta me imagino a Arjona sentado en un sillón de su sala escribiendo en una pequeña libreta aquello que le diría a su amada para arrancarla de los brazos de Sabina, intentado no sólo responder el “¿qué sería de ti si no estoy?”, sino además intentado recordarle que tanto él como ella están sufriendo por el fin de su relación y que la culpa de que terminara fue de los dos, pero que no todo tiene que acabar ahí, que aún les ve un futuro.

Y así, mientras el poeta Sabina le reitera que sin ella sigue “más triste que un torero al otro lado del telón de acero”, le recuerda un “así estoy yo, sin ti”, “como el domingo del jubilado, como una boda por lo civil”. Mientras que Arjona, después de decir que ambos están “malgastando en cualquier cama lo que se nos dé la gana, pa’ vengarnos de los dos”, le dice directamente “ya no estoy para los versos de Neruda, si en la cama no figura ni un buen beso de alquiler”, con un buen gancho contra el español.

Debo confesar que Sabina lanzó su canción en 1987, mientras que la de Arjona vio la luz en 2008, y aunque no pelearon por la misma mujer –y quizá ni se conozcan, no lo sé— puestas una junto a la otra bien parecen las dos partes de un combate entre dos por una fémina, que quizá terminaría en una tercera pieza similar a aquella de Alberto Vázquez que dice “llevamos juntos serenata, juntos hasta el balcón aquel. Tú la guitarra y yo maracas, ella 15 y nosotros 16”.

Aunque espero que la dama en cuestión en la pelea Arjona vs. Sabina no tuviera 16, imagínatelos a ambos intentando convencer a la misma mujer para que se decida por uno de los dos, dándole ejemplos de por qué no pueden vivir sin ella mientras intentan demostrar que ella lo es todo, después de todo ¿qué hace Frida sin sufrir y un santo sin paraíso?

En cierto punto creo que esa discusión sería más violenta que un niño sin cumpleaños y mucho más triste que un domingo por la tarde bañado en el perfume del desengaño. Sin embargo, que tal que resulta que ambos autores se cruzaron con alguna dama por allá de los ochentas y decidieron cantarle para que se quedara con alguno de los dos.

Tal vez ella sólo atinó a irse con algún abogado que le ofreciera algo seguro en vez de un par de versos y lo que quedó de los besos de alquiler. Lo que sí, no diré nada de que en “Hongos” Arjona se autocopia al preguntarse “¿Quién me da respuestas para este misterio?” y “¿Qué hacen tantos vivos en el cementerio?”.

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