¿Qué nos ha dado ese hombre? 60 años sin Pedro Infante

Por Anabel Clemente

@Ana_cletre

La voz de Pedro Infante no ha muerto. Hace 60 años su cuerpo se desplomó en un B-24 Liberator, que salió de Mérida, Yucatán, hacia la Ciudad de México, y poco después de despegar cayó a 20 metros de altura.

El 15 de abril de 1957, a las 7:54 de la mañana, el referente de la cultura mexicana murió, dejando una herencia de 366 canciones grabadas y 61 películas filmadas que lo mismo han disfrutado desde el ranchero, el obrero, el empresario, el funcionario y cualquiera que se diga mexicano.

En la Ciudad de México la noticia se confirmó alrededor de las 10 horas del día. “¡Pedro Infante murió en un terrible accidente!”, se vociferaba entre las calles, con los voceadores de periódicos y en la radio, el medio de comunicación por excelencia en los años 50.

“La radio ocupaba un lugar importante en casa, se escuchaba puro Pedro Infante, por eso se hizo ídolo. Recuerdo que pasaban mucho la de Cien años”, cuenta Humberto Clemente, quien tenía escasos cinco años cuando murió el llamado ídolo de Guamuchil (por su nacimiento en Mazatlán, Sinaloa).

Una banda de rock mexicano tomó su nombre de la canción Nana Pancha que interpretó Pedro Infante en la película Escuela de vagabundos que describe a una mujer revolucionaria.

Desde hace 60 años celebrar un cumpleaños incluye la voz del hombre que hizo inmortales las películas de Ismael Rodríguez, que cambiaban al charro de provincia por el obrero de la capital del país.

“De tanto que escuchaba Pedro Infante, yo sentía que mi papá se parecía a Pedro Infante”, cuenta Matilde Trejo, quien recuerda que escuchar al cantante de Sinaloa era una constante en su casa, en Hidalgo.

Amorcito corazón fue el tema que los mexicanos adoptaron para flirtear y conquistar; Las Mañanitas, para festejar un año más; Bésame mucho, para reafirmar el amor; ¿Qué te ha dado esa mujer?, para la decepción; No volveré, para dejar atrás el desamor; Las golondrinas, para despedir la vida…

Pedro Infante no ha muerto, aún siguen sus canciones para enamorar y olvidar, para festejar y reprochar, ¿no es, acaso, la idea que tiene el mundo del mexicano? De tal manera que este cantante que murió a los 38 años es el estereotipo de una nacionalidad que se arrastra desde hace seis décadas.

Las leyendas de un ícono

Cuando lloran los valientes de 1945; Soy charro de rancho grande de 1947 y la trilogía de Nosotros los Pobres iniciada de 1948, son tres filmes claves para el éxito de la estrella mexicana reconocida a nivel mundial.

Sin embargo, existen historias detrás del éxito, como la caridad y la filantropía. Sin utilizar los reflectores, regalaba ropa, alimentos y entretenimiento a los habitantes del reclusorio más famoso de hace medio siglo, Lecumberri. Cantaba para los reos.

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Era un fanático de la aviación: acumuló dos mil 989 horas de vuelo como piloto y estaba registrado con el nombre “Capitán Cruz”. Antes del accidente en el que murió, tuvo dos percances aéreos, el primero en la ciudad de Guasave, Sinaloa, donde al intentar despegar de una pista improvisada el avión no pudo ganar altura y se fue de frente contra un cultivo de maíz, de ese accidente le quedó una pequeña cicatriz a la altura de la barbilla, y el segundo fue cerca de Zitácuaro, Michoacán, como resultado se le implantó una placa de titanio en el cráneo.

La nave en la que murió era un Consolidated B-24 Liberator, matrícula XA KUN de la empresa TAMSA, el cual fue un bombardero en la Segunda Guerra Mundial.

Existe una hipótesis de que Pedro Infante no murió el 15 de abril de 1957, sino que fue víctima de la venganza de un política por la disputa del amor de una mujer, Christiane Martel. Se dice que fue golpeado violentamente provocándole severos daños, hasta hacerle perder la memoria.

Esta teoría cobró fuerza cuando apareció Antonio Pedro en los años ochentas, un vagabundo que decía tener vagos recuerdos de su identidad: Pedro Infante; la similitud física y la voz hicieron dudar a los mexicanos, sin embargo su versión nunca se comprobó.

Anabel Clemente

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