“Qué importa si Benedetti era un buen tipo”

Por: Francisco Contreras
@FContrerasMX

Mario Benedetti está sobrevalorado, suelta sin tapujos Santiago Tavella al preguntarle sobre la influencia del poeta en la cultura uruguaya. Asegura tener una postura crítica sobre la generación del 45, a la que ve inundada de literalidad.

En entrevista para Deambulario, el músico, pintor y escritor abunda que una de las cosas con el poeta es que la calidad de sus obras está anclada en la imagen del “buen tipo” con muy buenas intenciones, como Eduardo Galeano.

Qué me importa, yo no estoy leyendo a alguien porque sea un buen tipo, estoy leyendo un libro de alguien porque tiene algo para decirme y no me está diciendo lo que yo ya sé que quiero escuchar”, apunta

En el centenario de Benedetti, Tavella abunda que su obra como política no funciona porque va dirigida a quienes opinan como él, pasando completamente desapercibida para aquellos que no coinciden con sus ideas.

En este punto, se detiene durante la videollamada para recordar el cuento “El caso Benedetti” (1986), del argentino Elvio E. Gandolfo, en cuya historia el detective Suárez es contratado para viajar a Montevideo y averiguar porqué Benedetti es excluido de las antologías de poesía latinoamericana, encontrándose con “ante todo, es un buen tipo” como respuesta evasiva de los críticos literarios. 

Luego, ante la falta de respuestas, decide leerse completo el Inventario y Preguntas al azar, llegando a la conclusión de que tenía “pocos buenos poemas en mucha hojarasca”, aunque La tregua era un buen relato, excelente para ligar.

Retoma citando a su profesora de canto, Nelly Pacheco —quien estuvo casada con el cantante Daniel Viglietti, amigo del poeta—, quien decía que Benedetti era amigo de su esposo pero que era muy mala persona, y resalta que la trascendencia de una obra no está ligada con la calidad del autor como ser humano, pues destacó el ejemplo del escritor francés Louis-Ferdinand Céline, quien fue colaboracionista nazi y que, dijo, “no podés escribir la historia de la literatura sin tenerlo”, pues hay que separar las cosas “si estamos hablando de literatura o si estamos hablando de que si sus acciones políticas fueron buenas o malas”.

En este punto, el vocalista de Otro Tavella & Los embajadores del buen gusto criticó la literalidad de sus versos, pues, para él, cualquier creación artística debe dejar algo oculto que permita a quien lo ve una segunda lectura y resuelve con que:

“la buena cultura debe llevarte a pensar y no darte un pensamiento resuelto de: estos son los buenos, estos son los malos”.

A la vez que apunta que esta “ola de literalidad” ya alcanzó a la sociedad que quiere ver, por ejemplo, en Juan Carlos Onetti la perversión que éste imprimió en sus personajes; “capaz que sí, capaz que no, no me importa en lo más mínimo”, dice tajante.

Frente a la computadora en una mesa del estudio donde compone su música y crea sus pinturas, Tavella subraya que en el caso de la exposición de Benedetti en el extranjero “se conjugan dos cosas, un éxito comercial importante y también una cosa propia de la cultura en general; (decir) es como de izquierda y bueno así esta bien, entonces calza muy bien en ese sentido”, aunque para él es un autor menor en comparación con otros escritores uruguayos, como Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández –relativamente desconocido—, o incluso Daniel Viglietti, de cuya música considera trascendente desde el punto de vista cultural.

“No trates de demostrarme que te estás esforzando, tienes que hacer que parezca (espontáneo)”, recuerda que le decía Pacheco en sus clases, y que no ve en la obra de Benedetti ni en la generación del 45, cuando, asegura, la creación literaria empezó el declive.

Pese a todo, subraya que Benedetti tiene algunos relatos buenos, como La tregua, y recordó que allá por la década de los 80, cuando apenas empezaba el grupo “El cuarteto de nos”, donde es bajista, alguna vez reunido con los hermanos Roberto y Ricki Musso intentaron componer con el Inventario y lo rechazaron porque “nosotros no vamos para este lado”, a pesar de ser versos muy fáciles de musicalizar, pero sin esa doble lectura que debe tener toda obra artística.

“Especialmente hoy creo que uno de los problemas que está teniendo la cultura, la música, el arte en general, que es todo muy literal; no hay lugar a segundas lecturas, todo mundo trata de ser muy claro porque tiene miedo a ser malinterpretado”, ataja.

Y lamenta que esté desapareciendo la posibilidad de contemplación en el arte, dejando atrás esa oportunidad de reflexión por parte del espectador.

Situación que no ocurre en su música, pues canciones como “Enamorado tuyo” (El Cuartero de nos, 2012), “Mi corazón está de paro” (Otro Tavella & Los embajadores del buen gusto, 2019) o “Barcochino” (Otro Tavella & Los embajadores del buen gusto, 2019), con sus juegos de palabras tienen a propios y extraños peleando por el significado real de dichas canciones, pues en cada revisión se obtiene una opinión diferente. Pero ¿será un buen tipo?

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