Presente del cuento en México

La novela gana por puntos y el cuento por knock-out, con esta analogía boxística Julio Cortázar diferenció al cuento de la novela. Se ha mencionado que el cuento se encuentra en un punto intermedio entre la poesía y la novela, no obstante entre aquellos que conocen del tema se alude que el cuento es de los géneros más difíciles a desarrollar por la precisión que se debe tener, por la buena utilización del lenguaje: corto, preciso y directo.

Por GUSTAVO Y. SÁNCHEZ MARCIAL

En América Latina se reconocen grandes cuentistas a través de la historia, sin embargo, en los años sesentas, en lo que fue el Boom Latinoamericano se encuentran aquellos que dejaron un legado para el mundo, podemos destacar al argentino Jorge Luis Borges, su compatriota antes mencionado, Julio Cortázar, el cubano Alejo Carpentier, al peruano Mario Vargas Llosa y por supuesto a los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Esta generación de escritores tomaron al cuento como punto de partida, en esa época era lo que más se leía, era la relación entre el escritor y el lector en las publicaciones periódicas sin embargo lo más importante es que los ojos del mundo voltearon a dicha región pero sobre todo a un país: México.

En México durante este periodo las publicaciones de cuentos, sobre todo colecciones, comenzaron a formar una base para que se fuera posicionando dicho género, no sólo en la nación sino que en todo el mundo. Entonces el país era visto como un punto de referencia en toda Latinoamérica en cuestión de literatura, habían surgido varios escritores que no sólo se dedicaban a la creación de cuentos sino que también veían grandes oportunidades en la novela y la poesía, entre estos autores podemos destacar a: Juan José Arreola, Rosario Castellanos, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, José Agustín, Jorge Ibargüengoitia, entre muchos otros.

Estos escritores no sólo se dedicaban a escribir, sino que muchos de ellos se les podía encontrar en las universidades del país impartiendo alguna materia, lo que ayudaba para la formación de las nuevas generaciones de escritores o simplemente si el escritor famoso no era catedrático de alguna universidad iba a impartir conferencias a éstas por lo cual los auditorios se veían abarrotados por jóvenes inquietos por aprender el arte del escribir.

En la actualidad todo ha cambiado, los jóvenes que se interesan en la literatura han disminuido al igual que los espacios dedicados a la difusión, como periódicos y revistas. Otro punto importante en ese cambio es el mercado literario, a esto se refiere la escritora Rosa Beltrán en una entrevista concedida a un medio, “que, en busca de rentabilidad, uniforma criterios y limita la riqueza, diversidad y variantes de las distintas voces literarias” (Proceso, N°1683. “En defensa de la literatura”). Así es como la literatura en general se observa en nuestro país, sin embargo el cuento como género literario se ve en una problemática aun más grave.

Antes que nada el cuento en todo el mundo está visto como el género menor, comparándolo con la novela y esta asimilación hace que las casas editoriales vean en él un producto de baja rentabilidad, ya que es más factible vender un libro de cien o ciento cincuenta paginas que una antología cuentísitica que a lo mucho puede llegar a tener sesenta hojas no obstante, ese no es el único problema ya que desde el siglo XIX la novela se posicionó en el público lector lo cual desde ese entonces demostró ser vendible. A esto se refirió Sergio Pitol hace ya 7 años: “En los recientes años, es verdad, hay una carencia de libros de cuento. En España es casi imposible publicar algo del género. Otro tanto pasa con México […] Creo que lo ocurrido con las editoriales es un claro problema de orden comercial: tienen muy escaso interés en el cuento porque la novela, desde el siglo XIX, demostró ser muy leída y por lo tanto muy vendible. (La Jornada. “Peligra el cuento por la falta de interés de las editoriales: Pitol” 6 de enero 2003).

El tema de la venta de libros de cuentos en el dos mil nueve no cambió mucho, ya que autores como Alberto Chimal y Carmen Boullosa coinciden con aquello que mencionó Pitol hace tiempo. Alberto Chimal, autor de varios libros de cuentos entre ellos Grey (2004) y Gente del mundo (1998), hace referencia a esta complicación dentro del cuento al comentar que el trabajo de escritor de cuentos no es difícil “en cuanto a la labor de escribirlos” y que más bien la verdadera labor radica en el momento de publicarlos, “es un género difícil de publicar”.

La tradición del cuento se puede remontar desde los siglos XIX y XX pero a pesar de eso, y a pesar de que México era un país donde se cultivaba de buen forma, el presente nos demuestra que se está olvidando poco a poco en las librerías y por lo tanto en las personas. Carmen Boullosa, becaria del Centro para escritores y Académicos de la Biblioteca Pública de Nueva York, no cree que el cuento se esté olvidando, sino que el cuento sigue vigente dentro de nuestra sociedad y que más bien se está adaptando en este entorno ya que los libros de este género bien no se pueden encontrar dentro de las librerías por la dificultad que hay en el momento de la publicación pero que la mayoría de cuentos “se leen mucho más en la red, en la pantalla del ordenador, no en libros”. Ya que “Lo permite el género: se lee más rápidamente.”

Tal vez no hay muchos registros acerca de la cantidad de cuentos que se leen a través del ciberespacio sin embargo la Encuesta Nacional de Lectura 2006 arrojó cifras en las cuales se pueden observar lo que los mexicanos leen cada año y el cuento se ve en pequeñas cantidades con un 11.8% de personas encuestadas a diferencia de la novela que ocupa el segundo lugar con un 23.3% solamente debajo de los textos escolares. Otro punto a rescatar dentro de esta encuesta es en la pregunta de ¿cuál es su autor favorito?; el primer lugar está ocupado por Carlos Cuauhtémoc Sánchez seguido de Gabriel García Márquez pero el único cuentista mexicano que figura dentro de las preferencias se encuentra en el onceavo puesto, Juan Rulfo.

Las cifras de la encuesta nos dan una perspectiva del cuento dentro de la sociedad mexicana y del olvido en el cual está cayendo uno de los géneros que Mary Flannery O’Connoruna, escritora norteamericana de la primera mitad del siglo XX, consideró una de las formas más naturales y básicas de la expresión humana; pero el término olvido no es aceptado como tal entre los círculos de escritores actuales, más bien un género menospreciado ya que según Chimal: “no se dejan de recomendar los libros de cuentos de los autores clásicos, es decir, libros como Ojos de perro azul o El Llano en llamas, aunque sea sólo para obligar a los alumnos de las escuelas a leerlos”.

Lo que dice Chimal acerca de que se obliga a leer en nuestro país no es nada raro ya que varios personajes y encuestas han demostrado que gran parte de mexicanos no son amantes de la lectura y sobretodo de la literatura. En México la sociedad está acostumbrada a juzgar ya sea por el tamaño del libro o simplemente por el autor, dejando de lado la buena literatura de autores mexicanos o latinoamericanos.

Alberto Chimal tiene una concepción muy similar acerca de la mala preparación que tienen los compatriotas en referencia a la lectura pero sobretodo al cuento ya que “estamos educados para creer que mientras más gordo el libro mejor se ve. […] Personalmente creo que todo parte de que nuestra imaginación no se educa lo suficiente: que de hecho se reprime y se condiciona”. Y en cuestión a la crisis que vive la cultura literaria por la falta lectores comenta “que el problema es más grave porque lo que se deteriora no es sólo el mercado del libro ni la “alta cultura”, sino la cultura en general: nuestra memoria, nuestra identidad, nuestra capacidad de entender el mundo y sobrevivir en él.

Así que podemos tener muchos puntos de vista negativos de la literatura y más precisamente del cuento en la nación, sin embargo en la actualidad han surgido algunos escritores que ven al cuento como una forma para hacer leer a la gente, que su estructura es perfecta para los tiempos modernos. Una de estas personas es la escritora y profesora de literatura hispánica en la Universidad de Guadalajara, Cecilia Eudave. En el articulo Universos bajo cero hace referencia a la vigencia del cuento en nuestro país por la vida que se tiene en la actualidad se necesitan textos “de bolsillo” que puedan ser transportados de un sitio a otro sin ninguna dificultad y estos libros son los de cuentos, que gracias a su pequeño tamaño pueden ser colocados en cualquier parte sin ser estorbo para la persona.

Además de los libros pequeños habla del cuento hiperbreve, en el cual por medio de pocas palabras se trata de impactar al lector y con base a esto hace referencia a una frase de Irving Howe, Los escritores que hacen cuentos breves tienen que ser especialmente audaces. Lo apuestan todo a un golpe de inventiva.

Este golpe de inventiva es el que tiene que captura al lector, según Eudave, en el metro, en el autobús o hasta en el embotellamiento de la ciudad, por lo cual el cuento vendría siendo la forma más adecuada para leer en este mundo donde la inmediatez, la irreflexión y la fugacidad están a la orden del día.

El cuento en la actualidad se ve de diferentes formas, se ve a punto de desaparecer, se ve como punto de renacimiento, de nuevo orden, pero siempre se ha visto como algo diferente e incomodo por no ser novela, por no ser poesía, sin embargo, Cortázar le encontró demasiadas analogías para que de una u otra forma sea entendido: la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que en una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación, este arte en pequeñas cantidades, es el cuento.

Deambulario

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