OK COMPUTER, ¿LA ÚLTIMA OBRA MAESTRA?

Por Gerardo Pérez Islas

gperezis@hotmail.com

En 20 años las cosas han cambiado de una manera tan drástica que pareciera que estamos hablando de al menos medio siglo; la tecnología ha evolucionado de una forma tan agigantada, que a estas alturas ha logrado modificar nuestra percepción de lo que era la rutina diaria hace dos décadas.

El 16 de junio de 1997, Radiohead lanzó OK Computer, siendo el tercer trabajo en estudio de la banda.

Si en los 90 necesitabas salir de casa para hacer una compra, hoy existe Internet para que te lo mande hasta tu domicilio; si esperabas un día a la semana para poder seguir el transcurso de tu serie favorita, hoy existen canales en streaming para poderlas ver en el momento que desees; si tenías la intención de reunirte con tus amigos o familiares en algún punto de encuentro para conversar, hoy existen las redes sociales para evitar el acto presencial; si tenías la ilusión de comprar el disco de tu músico favorito, hoy simplemente lo descargas o lo escuchas en alguna aplicación.

El arte del álbum fue creado por Stanley Donwood, quién también se encargó de ilustrar discos como Kid A, Hail To The Thief y The King of Limbs.

Querámoslo o no, y por muy renuentes que algunos sean, todos estamos expuestos a este tipo de cambios no importando la región o país en el que se viva; de esto y otras cosas es de lo que una banda de Oxfordshire, Inglaterra, llamada Radiohead, trata el que para la gran mayoría fue su obra maestra, “Ok Computer” (en lo personal “The Bends, Did A y Amnesiac” no le piden nada), en julio de 1997.

 

Corría ya la segunda mitad de los 90, el britpop estaba todavía disfrutaba la delicia de estar en la cima, y sus contrapartes norteamericanas veían cómo el grunge dominante daba sus últimos respiros, poco a poco era relevado por el satanizado nu metal. Dentro de este panorama, en el que también se repartían el pastel el trip hop y el big beat, una banda como Radiohead parecía no tener cabida, pues ellos podían beber de todo y no ser parte de nada a la vez.

Después de vivir el éxito de crítica y público gracias a ese extraordinario trabajo llamado The Bends, y terminar una gira de promoción exhaustiva, la disquera —para la que firmaran en aquel entonces (parlophone)— los presionó para que continuar con esa estela de éxito; por lo cual, hartos de la saturación mediática, los originarios de Oxford decidieron exiliarse en los estudios “Canned Applause”, instalaciones que no contaban siquiera con un baño o un lugar para cocinar.

Poco después abandonarían ese recinto y se mudarían a la “Corte de Santa Catalina”, una mansión histórica propiedad de Jane Seymour, es en este lugar, que se encuentra alejado de cualquier ciudad, donde procrearían lo que para muchos es su mejor disco, una obra que tomarían influencia de todos los géneros en auge por aquel entonces, pero dándole un toque particular de una banda en estado de gracia que no se conformaba con hacer más de lo mismo.

 

De inmediato muchas publicaciones especializadas en música alrededor del mundo comenzaron a posicionar a Ok Computer como uno de los mejores discos no sólo de la década de los 90, sino de la historia, dicen algunos críticos y fans por igual que es el que mejor retrata la década, y que a diferencia del grunge y el britpop, Radiohead entendió la forma de bisagra que dibujaban los últimos años del Siglo XX. La banda comprendió que algo estaba cambiando y nada iba a ser como antes. Lo captaron, lo vieron presente en el aire que respiraban. El disco es el más sublime: canto de desesperación de lo que se conoció como Generación X. Las letras de Thom Yorke parten de un costumbrismo posmoderno para atacar sin piedad a la moral autocomplaciente, vacía, consumista e imperialista del capitalismo. Digamos que Ok Computer es Public Enemy y Rage Against The Machine sin su demagogia.

Radiohead creó un disco para una época, con elementos tan propios de la mentalidad digital como la recontextualizacion, el sampleo o la mezcla. No se podía llegar más lejos, lo intentaron y engendraron el disco menos humano para quizá la época menos humana, Kid A (2000). Aquí está todo el noise rock de Sonic Youth, la influencia de Talking Heads y de Pixies, la rabia de Nirvana, el sabor británico de Oasis y la influencia vocal de Jeff Buckley, aquí Jonny Greenwood se doctoró como uno de los mejores guitarristas de su generación (a la par de Tom Morello, Graham Coxon, Jerry Cantrell, John Frusciante, Mike McCready o Bernard Butler).

En la primera versión de Paranoid android se contó con una canción de alrededor de 14 minutos pero entre edición y edición, el tiempo se limitó a poco más de seis.

A 20 años de su publicación, el tercer disco de esta (todavía activa) enorme banda, supone un testimonio imprescindible para entender al hombre del Sigo XXI en todo su esplendor. Para entender toda su desolación, su aislamiento, su alienación y la frustración de su interior, la sensación de no continuidad con respecto a las generaciones anteriores, esa impresión de no pertenecer a nada encuentra su mayor expresión artística en el que para muchos es la última obra maestra hecha por músicos.

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