NUESTRA CITA

Por Sugey Cruz

@zudelirio

Asistir a nuestro encuentro es uno de los rituales más hermosos que vivo. Esperar con ansiedad el día y la hora pactada es una experiencia inexplicable; desde el día anterior mi cuerpo se llena de cosquilleos que me recuerdan que estoy viva.

La noche previa es imposible dormir, me pregunto de qué color será oportuno lucir e incluso busco descubrir qué pasa por tu mente después de cada encuentro. En medio de la noche veo tu silueta, que se convierte en cómplice del viento para traerme tu aroma y trasportarme a la suavidad de tus brazos.

Al llegar el día, la dulzura del amanecer y la brisa fresca indican que será un majestuoso día, varias horas aún nos apartan, sé que el tiempo no me será suficiente para arreglarme y deslúmbrate con mi presencia, a pesar de ello, estoy frente al espejo y hago mi mejor esfuerzo.

Los segundos se vuelven minutos y cada instante me dibuja más cerca de ti, tomo mis previsiones por el tráfico y la locura de la cuidad. Salgo de casa con tanta emoción que olvido dar de comer a Ramón, mi hermoso gato que se ha ido acostumbrando a verme entusiasmada con frecuencia, por eso ha descubierto dónde se encuentra su alimento para saciar su apetito cada que lo requiera, lo cual me quita el cargo de conciencia por ser una mala compañera. En este momento lo más importante es verte, y perderme en la magia de tus ojos.

Mi cuerpo presiente tu cercanía, sabe que en cualquier instante mis ojos te identificarán en la enorme urbe; respiro profundo y trato de mantener la calma. Me cuesta trabajo recordar el atajo de la última ocasión, lo consigo, encuentro la pequeña calle empedrada que me lleva hasta el lugar pactado. La ventana está abierta, el viento juguetea con la cortina que se mese disimulada, mientras el cielo se pinta de color naranja por las nubes que amenazan el radiante sol.

Los nervios tratan de conquistarme, mis pies tiemblan como los terneros cuando intentan dar sus primeros pasos, toco la campana y se abre la puerta principal. Mis ojos inquietos te buscan en el hermoso jardín gobernado por exquisitas rosas rojas, sin éxito sigo de frente para entrar en la casa, donde una mujer amable abre la siguiente puerta y me saluda con una sonrisa, pero de tu imagen aún nada.

Una voz cálida me indica el camino y ahora son sólo unos cuantos pasos los que me separan de tu presencia. Al dar la vuelta en el pasillos más largo, tu aroma gobierna el entorno, me detengo para ser anunciada y en ese momento una mujer adulta vestida con una bata rosa me dice: muy buenas tardes, bienvenida a la Clínica del sueño, el doctor Sandoval la espera, para su cita mensual.

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