Memoria viva: 50 años del Movimiento Estudiantil

Porfirio Villalobos

Julio 22, 1968. Todo empezó por algo trivial, por una gresca entre alumnos de las vocacionales 2 y 5 del politécnico y de la preparatoria particular Isaac Ochotorena, en la Ciudadela, en donde intervino el cuerpo de granaderos de la policía capitalina, encabezada por el General de apellido Cueto.

Los policías golpearon y arrestaron algunos estudiantes politécnicos con abusos y excesiva fuerza bruta, además de invadir y violentar la casa de estudios del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Al verse agredidos los estudiantes, inmediatamente protestaron y encontraron apoyo incondicional en sus hermanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes no tardaron en organizarse y para el 26 de julio, inició la primera protesta organizada.

Siguieron otras protestas que quisieron ser eliminadas por abusos tanto del cuerpo de granaderos como del propio Ejército mexicano, mismo que a través de un bazucaso, dañó el zaguán de la Preparatoria No. 1 y la tomó para evitar que los estudiantes se siguieran organizando.

No resultó. Los jóvenes se sintieron vejados y exigieron la resolución del siguiente pliego petitorio:

 

1.- Libertad de los presos políticos;

2.- Derogación del art. 145 del Código Penal federal, sobre el delito de disolución social;

3.- Desaparición del cuerpo de granaderos;

4.- Destitución de los jefes policiacos LUIS CUETO y RAÚL MENDIOLA;

5.- Indemnización de las víctimas de los actos represivos;

6.- Deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra los estudiantes.

 

Al no conseguir respuesta, los estudiantes, ya organizados y con el apoyo de los directores y maestros tanto del IPN como de la UNAM, se creo el CONSEJO NACIONAL DE HUELGA (CNH). Asimismo, contaron con el apoyo de otras instituciones de educación superior del país, como la UNIVERSIDAD DE CHAPINGO, de Nuevo León y Guadalajara, además de la Escuela Normal de Maestros entre otras casas de estudios.

Así inició una serie de actividades importantes como las marchas del 26 de julio. Para el 1 de agosto, el entonces rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, encabezó la marcha, mostrando su simpatía y apoyo por los estudiantes.

Archivo UNAM Muestra una colección de imágenes del Movimiento Estudiantil de 1968

Mientras los universitarios seguían en lucha, las agresiones por las fuerzas represivas del sistema, Ejercito y policías incrementaban: eran apresados, golpeados y en el peor de los casos, asesinados, lo que provocó la histórica Marcha del Silencio.

Ésta ocurrió el 13 de septiembre de 1968, en la cual participaron más de 300 mil personas, entre estudiantes y familiares y trabajadores.

La exigencia de Consejo Nacional de Huelga era que el Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, diera la cara y solucionara las peticiones. Que explicara a través de un dialogo público, el accionar de los funcionarios por la represión brutal de los cuerpos policiacos y del Ejercito mexicano. El diálogo nunca se llevó acabo.

El 12 de octubre estaba fijada la fecha inaugural de los Juegos Olímpicos de México 68, ante ello, los estudiantes convocaron a una manifestación para el 2 del mismo mes, reunión que concentró a más de 250 mil personas.

Al iniciar el mitin, elementos del Ejercito Mexicano, comandado por el general Marcelino García Barragán, coparon la Plaza de las Tres Culturas y los alrededores de la Unidad Tlatelolco, para que conjuntamente con elementos de las diferentes policías del país, entre granaderos, del servicio secreto, judiciales y paramilitares como del famoso Batallón Olimpia, masacraran, detuvieran y asesinaran a los estudiantes.

Ese día México se tiñó de rojo, por la sangre derramada, sin que hasta la fecha se tenga claro quién dio la orden de “abrir fuego”.

Se habla de que hubo traidores dentro del movimiento estudiantil, que a través del tiempo, varios dirigentes se han servido de este lamentable episodio de la vida social del país, y ya hasta hubo un presidente (Ernesto Zedillo Ponce de León), diputados y senadores, asambleístas que fueron actores de los acontecimientos y NO han podido o querido que se cuente quién fue el VERDADERO CULPABLE de esa tragedia.

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