Los sesenta

La década de los sesenta marcó un giro estrepitoso dentro de la conciencia estática y conservadora de la sociedad universal.

Por Tapia Romero @daromtap

Los sueños dormían sobre las manos beligerantes de la carrera imperialista, los zurdos y los diestros iban marcando las líneas del destino, levantaban muros, condenaban a la quiebra a sus países rivales, combatían hombro a hombro por la cima de la supremacía o la conquista del espacio… Eran amigos a larga distancia, realizaban charlas de estado a través de alambres rojos, vivían y soñaban ideologías diferentes contaminadas por las mismas patologías, por las mismas realidades.

Era el tiempo de las guerras, era el momento en que los chicos aprovechaban rivalidades entre mayores para alcanzar su independencia, para levantar la mano en este mundo y pelear por un espacio, por el derecho de saborear su propia pobreza.

Camerún, Togo, Costa de Marfil y Somalia eran algunos de los nuevos estados que conformarían al mundo hasta la actualidad. En ese entonces el anhelo de libertad se había tomado, las manos negras de los siempre eternos trabajadores milenarios iniciaban la travesía hacia la otra esclavitud, a una sumisión voluntaria, a una servidumbre que llena el ego,pero que mata libertades, que alimenta al ser humano con tecnología y no con frutos, era la autonomía de los países africanos colonizados, era la adhesión del individuo al colectivo, a la evolución consumista y tecnológica.

En una tierra más real, los hijos de antiguas generaciones, marchaban al ritmo de la música, golpeaban con fuerza la conciencia colectiva, invitando al mundo a sumarse al cambio, a unir las manos en contra de lo establecido, a quitar las ataduras, a caminar y caminar en breves marchas de dolor, en movimientos mitigados en las noches mexicanas de mayo por agentes argentinos que llevaban guantes blancos y bastones largos como armas.

La moda psicodélica envolvía al mundo. Los muchachos, eran jóvenes viajeros sin paracaídas que emprendían el vuelo. Volaban y volaban en una nube sintética de tripis, eran astronautas con trajes moteados que veían estrellas roqueras en el firmamento terrenal de su conciencia. Eran rudos, eran vagabundos de la existencia, hombres de corta edad que recorrían los viejos caminos de la 66 hasta llegar al cielo adiamantado del escarabajo. Iban y venían en el eco ensordecedor del aullido dado por los decadentes y golpeados profetas yonkis y jazzísticos que buscaban la beatitud prometida en la lectura de los clásicos y la entonación de los nuevos mantras.

Los hippies, héroes históricos de la cultura alternativa, actores decadentes del espasmo salido de las nalgas del creador, adolescentes que vivían en comuna oriéntados por los credos naturales, por los dogmas sonoros provenientes de la Bruja Cósmica, de una Alicia salida del país de la maravillas; se divertían bailando, danzaban eufóricamente como protesta, como para dar lucha y buscar consuelo, un consuelo perdido tras la muerte del hombre que se convirtió en icono, el doctor que alivió y mitigó el dolor como guerrillero.

Efectivamente, el Che había muerto, la tramoya mágica de la historia había cerrado este capitulo, el telón imperdonable del imperialismo censuraba el grito redentor de las masas, el viejo y el nuevo comunismo lloran la muerte del hijo prodigo.

Mientras tanto, en el Norte, en el Sur y en todos lados y en todos los rincones el duro puño de la tiranía capitalista dirigía a sus fieles corderos a trotar por la derecha, a deambular por un nuevo tipo de vida que convertía al ser humano en cerdos.

¿Cerdos?……si animales hambrientos de lo efímero y de lo no necesitado; simplemente artistas de la vida asesinados por la familia, por un grupo de seres religiosos que seguían al lobo, al profeta beatleriano, al voraz lector de las sagradas escrituras del disco blanco.

Era la era donde todos eran parte del raro ser de este mundo, tiempo del tiempo donde nosotros, ellos y ustedes interpretaban la melodía perfecta dentro de las cuerdas mágicas de una sociedad definida por la indecisión.

Los sesentas lugar en el reloj de muchos sucesos, de varios sabores, de telones heroicos que encumbraron al colectivo a una nueva representación histriónica de la tragicomedia humana, albor y perdida de la lucha, mitificación de Dios para encontrarlo en todas partes, hasta en nuestros bolsillos.

Rima poética de eventos mundiales, do re mi fa sol de lagrimas derramadas por humanos y raíces históricas, pinceles y pinceladas cargadas de fuertes matices que dan diversos tonos a la vida, conjunción de todas las expresiones habidas para recodar…………..para detenerse frente al espejo y poder así comprender al segundero. Un tic tac que marca los hechos y no las horas, situaciones que pasaron y volverán a pasar, con diferente intérprete, pero con la misma acción:

Hemingway escribiendo su futuro, plasmando el punto final de su obra con la escopeta

Marilyn sobre su cama durmiendo por la eternidad

Buñuel dejando volar al ángel exterminador

El Papa Juan XXIII excomulgando a Castro

Huxley pidiéndole a su esposa el último viaje, el empujón a la travesía final

Sartre rechazando el Nobel

Capote inmortalizando la sangre derramada

Lavey creando la iglesia de Satán, una iglesia bastante humanista

John creyéndose más popular que Jesús

El ejercito boliviano tomándose fotos con el cadáver de Guevara

Una bala asesinando a Luther King

El hombre llega a la Luna

( ¿no siempre han estado ahí?)

Hombres peleando por el fútbol

Y nada más que decir….

pues todo ya está dicho

tan real como la tumba,

tan imperfecto como el tiempo

ding dong,

ding dong ,

tic tac,

tiiiic

tac

Sangre, hechos, cambios,

Regresando o partiendo del punto final.

Deambulario

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