Liu Cixin, la ficción científica china

Literatura

Por Hélio Rocha

El imaginario del ser humano sobre el futuro o las posibilidades de la física y la química contemporánea siempre produce ideas interesantes, aunque se sepa que algunas son imposibles por uno u otro factor en una cadena de necesidades de comprobación científica para que la idea sea real.

Un ejemplo clásico son los viajes en el espacio, que con mil millones de años luz de exploración se vuelven físicamente imposibles dado el tiempo de vida y la capacidad de sostener la materia de los cuerpos de carbono, como el nuestro, en velocidades mayores que la de la luz.

Pero, incluso conscientes de las imposibilidades, las personas siguen imaginando en fantasías que se encuentran en la frontera de la ficción con la ciencia.

La llamada ficción científica tuvo desde 1950 dominancia del imaginario de Estados Unidos, como protagonistas de historias sobre aliens, viajes en el tiempo, o transmutación de cuerpos en supercuerpos eugenésicos, como los de superhéroes, trabajando historias para reforzar la noción de protagonismo de los estadounidenses sobre todo el mundo.

Desde esa década, el escritor chino Liu Cixin llegó para cambiar la mirada sobre la ficción científica, basándose en los estudios científicos de los pioneros chinos, específicamente sobre astrofísica, de que es hecha la materia y cuestionamientos sobre toda la cosmología contemporánea.

En la Trilogía de los tres cuerpos, que se divide en “El problema de los tres cuerpos”, “El bosque oscuro” y “El fin de la muerte”, Liu nos cuenta una historia que empieza en los años oscuros de la Revolución Cultural china, en la década de los 60, cuando, bajo la persecución a los científicos por los maoístas radicales, una mujer llamada Ye Wenjie es llamada para salvarse de la intolerancia en una base militar oculta. Allá, descubre informaciones secretas sobre el sistema solar que van a cambiar la humanidad en los días actuales.

Liu CIxin, escritor chino

En la actualidad, el físico investigador de nano-tecnología Wang Miao es llamado a un centro de investigación científica y, cuando vuelve a casa, tiene en la visión la imagen de un cronómetro en regreso, desde 2000 minutos, 0 segundos y 000 milésimos, que retrocede hasta que  supuestamente se llegue hasta cero.

Atormentado, vuelve al laboratorio y descubre que existe un centro de investigación que hace secuencia a aquél de los 1960, y que ahora enfrenta suicidios en secuencia de sus científicos, todos por supuestamente descubrir que las leyes de la física no son estables, como decía Newton, tampoco relativas, como propuso Einsten, pero verdaderamente no existen.

Esta nueva investigación, que pasa por encontrar en donde está Ye Wenjie, recurrirá caminos inimaginables, como el encuentro de Wang con grandes pensadores del pasado, preservados en realidades alternativas sostenidas por la inconsistencia total de las leyes físicas, y accesibles por programas de realidad virtual, desarrollados por esos científicos, para comprensión de lo que será de la humanidad en un universo en donde no hay leyes físicas. Un descubrimiento importante sobre el Sol de nuestro sistema solar empieza lo que de verdad es el misterio del libro, lo que dejo a los lectores.

Conceptualmente, lo importante de esa obra es dejar la marca de China en un género dominado por la narrativa americana, o inglesa, proponiendo una ficción científica basada en la cosmología china, un tanto diferente de la que tenemos en occidente.

Hacerse presente e los variados géneros narrativos, en plataformas variadas como libros y películas, hace un país y su pueblo culturalmente presentes mundialmente, lo que fortalece, internamente, su autoestima.

Unn cotrapeso a la poderosa estructura mediática de Estados Unidos usada para decir que fueron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, aunque que fueron los soviéticos. Que conquistaron y civilizaran la costa Oeste del país, aunque lo hayan robado a los indígenas y a México. O que inventaron el avión, aunque lo hizo de verdad el latinoamericano Alberto Santos Dumont.

China así se abre un espacio en el importante terreno de la cultura pop, y consecuentemente en los grandes medios internacionales.

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