Libros contra un mal día

Por Francisco Contreras

Un buen remedio para cuando el peso de la vida se vuelve casi insoportable es cambiar de ambiente, de enfoque, y qué mejor opción que dos libros: Estoy mucho mejor (2013), de David Foenkinos, y Maldito karma (2009), de David Safier.

Quizá pienses que un momento así lo que menos quieres es leer un tedioso y grueso libro, pero estos dos son como la versión literaria de la Bad day, de Daniel Powter que por ahí de 2006 muchos escucharon para relajarse tras una pésima jornada.

Y precisamente de eso tratan las dos historias: cómo el peor día en la vida de una persona puede transformar su vida para bien (en el caso de Kim Lange su vida dio un giro de 360 grados; sí, más adelante lo explicaré).

Estoy mucho mejor comienza un domingo por la tarde en que el protagonista y su esposa, Élise, esperan la llegada de un matrimonio amigo que cenará con ellos, cuando a él le empieza un dolor en la espalda que se intensificará en los días siguientes, al grado de obligarlo a ir al hospital a ver al médico.

Ahí despega la trama: aunque el especialista le asegura no tener nada malo, le manda a hacer exámenes para dar con la razón del dolor, por lo que tiene que pasar por una serie de radiografías, que le repiten “para estar más seguros”, hasta una resonancia magnética, que fue interrumpida a la mitad de la primera sesión con un “tenemos un problema” por la falla en el equipo (parece que en Francia también se da eso), que atrasa su diagnóstico varios días dejándolo solo en el mar de las posibles enfermedades del internet.

Así, en la novela sigue incrementando el dolor mientras la medicina le tiene menos respuestas, reemplazándole el matrimonio y su trabajo como arquitecto en un despacho, con los analgésicos.

La situación del francés llega a ser tan grave que termina (a pesar de considerarlo absurdo) con la magnetoterapeuta que le recomienda su cuñada para que le abra los chacras, cambiando por completo su vida, aunque no sin intentar recuperar a su esposa y acercarse más a su hija, quien vive con su pareja en la ciudad, a la vez de cumplir con su promesa de ayudar al casero a reparar el hotel donde vive.

Ya que hablábamos hace rato de música, destaca lo bien que este libro embona con “I’ll feel a whole lot better” (Me sentiré mucho mejor) de The Byrds, especialmente donde asegura que todo mejorará cuando ella se vaya, como le ocurrió al protagonista de la novela al dejar ir el pasado.

Por cierto, acertaste, Foenkinos es el autor de La biblioteca de los libros rechazados del que te hablé hace varias semanas. Fue por este libro que supe de él, aunque es más conocido por La delicadeza.

En Maldito karma el cambio de vida llega más rápido: la historia comienza el día en que la presentadora alemana de televisión, Kim Lange, deja a su hija Lilly y a su esposo Alex en la casa de Potsdam (entre reclamos de él porque era el cumpleaños número cinco de la primera), para ir a la entrega de los Premios TV, donde competía con Daniel Kohn por Mejor Presentador de Informativos.

En Colonia, donde sería la ceremonia, Kim recibe el vestido Versace equivocado. Tras una discusión y algunas amenazas con el representante de la marca, decide ponérselo aprovechando que al ser de una talla menor le moldeaba mejor el cuerpo, y porque no tenía opción.

Pero el vestido cede ante la emoción de la presentadora al escuchar su nombre como ganadora y se rompe de camino al escenario, exponiendo su trasero frente a miles de colegas, técnicos y millones de espectadores que veían la transmisión, por lo que huye a su habitación de hotel, donde más tarde la visita Kohn con dos copas, una botella de champán y la tentación de serle infiel a Alex.

Luego de caer por su atracción hacia él, que parecía controlar, sube al techo para tomar algo de aire, sólo para terminar aplastada por el retrete de la estación espacial rusa Foton M3, programada para entrar a la atmósfera terrestre y desintegrarse, pero que por errores de cálculo de los científicos sólo se deshizo en 98 por ciento y el resto cayó en pedazos por Europa.

Así que una vez muerta, Buda (se encarga de budistas y ateos como ella) la reencarna en hormiga, lo que la lleva a conocer al famoso Giacomo Girolamo Casanova (también hormiga), a quien convence de ayudarla para acercarse a Lilly y Alex tras darse cuenta de que el hormiguero está en su expatio trasero. Esta aventura, no sólo la acercará a su hija, sino que la ayudará a hacer buen karma al enfrentarse a la hormiga reina e intentar rescatar a sus compañeras.

Y ahí está la vuelta de 360 grados, ya que Kim pasó varias vidas (como hormiga, conejillo de indias, perro, etc) para regresar con su familia, pues no sólo quería proteger y ver crecer a su hija, sino también alejar a su exmejor amiga, Nina, de su esposo, a quien se dio cuenta que seguía queriendo a pesar de Kohn y de haber creído desde antes de su “choque espacial” que su matrimonio se había terminado.

A diferencia de la de Foenkinos, ésta novela va más por el “aprecia las cosas”, sobre todo porque al mostrarle Buda sus vidas pasadas vio que su egoísmo y vanidad la hacían muy difícil de querer. Además de que pareciera que le marcó el buen camino con el amor de Kohn, a quien reencuentra en una de sus reencarnaciones, y a quien usa para recuperar a Alex, siempre acompañada de Casanova.

Ambas novelas tienen su buena dosis de absurdos que indudablemente te sacarán una buena risa, aparte de que no sólo están bien pensadas y escritas con lenguaje ligero haciendo ágil la lectura. Lo curioso es que ambos autores tienen experiencia en la tele y el cine y ninguna ha sido llevada a la pantalla.

Ya por último debo decir que se acercan a los Cuentos sin plumas y Pura anarquía, de Woody Allen o el Diario de un loco, de Nikolái Gógol, aunque mucho más ligeros.

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