Las Furias de Gerardo De la Concha

 

Por Mario Riva

 

Analizar una obra literaria no siempre es fácil, aunque siempre resulta ser interesante y enriquecedor. Para ello, primero se debe determinar si la obra es buena o mala. Si es mala, ni para qué perder el tiempo en algo sin valor literario. Si es buena es necesario especificar el porqué lo es, para lo cual se requiere basarse en la palaba arte. No para definir que es arte, sino para saber cuál es el objetivo de crear la obra.

Sin temor a equivocarme, en esencia, el arte se crea para movernos, para sacudirnos emocionalmente. Y cualquier obra que lo logre, se puede considerar arte.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre la buena y la mala literatura? La mala siempre pasará sin pena ni gloria ante nuestros ojos y nuestro intelecto. Sin aportarnos nada y sin conmovernos en lo más mínimo.

Por el contrario, la buena literatura va a conmovernos, a cimbrarnos emocionalmente. ¿Quién puede dejar de conmoverse ante el párrafo siguiente?:

“Y cuando ellos se fueron, te arrodillaste en el lugar donde había quedado su cara y besaste la tierra y podrías haber abierto un agujero, si yo no te hubiera dicho: “Vámonos, Justina, ella está en otra parte, aquí no hay más que una cosa muerta”. Extraordinario y emotivo párrafo de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

¿Y qué tal este párrafo extraído de la novela que nos ocupa en su análisis?:

“Los cuerpos desnudos pueden ser hermosos, pero no siempre lo son. El cuerpo que torturé en una ocasión de esos tiempos ya idos de mi juventud no me lo pareció, quizá por su postura, por su peste, por su indefensión. Con los ojos vendados, se encontraba arrojado y vencido en el rincón grasiento de un muro gris y el hombre, debo decir el muchacho pues éramos de la misma edad, tenía un cuerpo triste.” (Las Furias)

Ante tal despliegue de creatividad y sensibilidad, a uno no le queda más que agradecer a sus autores el hacernos experimentar este tipo de emociones, aun con lo fuertes y dolorosas que son.

En este tipo de literatura hay cosas profundas, que nos llevan a la reflexión, a la reinterpretación de la realidad. Como sucede con la novela El Hombre Duplicado del Premio Nobel José Saramago, de donde tomé la siguiente frase como ejemplo: “El caos es orden aún por descifrar”.

Por su parte, Las Furias nos ofrece el siguiente párrafo:

“-Nietzsche dijo que lo que no te mata, te fortalece.

-¡Ese puto misógino de Nietzsche! -exclamó y apagó su cigarrillo-, o sea que eso, me refiero a lo terrible que puede darse entre los seres humanos, a lo degradante, ¿de veras crees que te fortalece? Sobrevivir a ser una puta, a una guerra, a la humillación de la miseria, ¿acaso no te deja traumas, neurosis, cicatrices? ¡Que pendejada! Mira, a veces después de dar un servicio y hacer gozar a alguien de a de veras, al estar a solas la náusea se mezclaba con mis lágrimas. ¿Eso te hace fuerte? No me mataba, bueno, no me mataba físicamente, pero algo mataba en mí….

No hay que pensar que por tener estos rasgos tan intensos y profundos, la buena literatura es solemne y carece de la fantasía que nos hace a vivir lo mágico, lo extraordinario. A continuación veremos, en un pasaje de la novela Del amor y otros demonios del Premio Nobel, Gabriel García Márquez, la magia de la buena literatura:

“¡Sangre! -gritó.

Delaura le impugnó su ligereza. No porque el agua fuera roja tenía que ser sangre, y aun siéndolo no tenía por qué ser cosa del diablo.

-Más justo sería pensar que sea un milagro, y ese poder es sólo de Dios -dijo.

Pero no era lo uno ni lo otro, porque al secarse las manchas no eran rojas sino de un verde intenso. La abadesa enrojeció.

-Al menos, replicó, no neguemos a los demonios el poder simple de cambiar el color de la sangre.”

En Las Furias lo mágico y extraordinario también aparece, y para darle más sabor al caldo, como se suele decir, en un terreno bastante difícil de manejar; el histórico-político. Como lo vemos en el siguiente pasaje:

“-La foto que me ha traído es de una persona muerta -así asustado por su capacidad de adivinación me dejó mudo-, tómela, con un leve temblor la recogí sin protestar-, toda esta mentira es porque en realidad le interesa mi marido -hizo una pausa y luego fue al grano-: usted es uno de sus asesinos.

-Señora….

-Un asesino despiadado.

– Señora, volví a decir.

-¿Cuarenta años después siente remordimientos? -preguntó sarcástica”.

En otro párrafo, Germán, el personaje central de la novela confiesa:

“Es cierto, queríamos una Revolución y por eso hacíamos la guerra, siempre y cuando fuera contra la burguesía. Nos enfrentábamos contra el Estado en una lucha donde no había piedad.”

Por supuesto la obra de Gerardo De la Concha, como toda buena obra literaria, nos ofrece aún más de lo que he tratado aquí.

No hay la menor duda de que Las Furias aparece con toda la calidad que es capaz de ofrecernos una obra literaria de altos vuelos. Enhorabuena a Gerardo De la Concha por su magnífica novela y por surgir como una de las plumas más lúcidas en la literatura actual de México.

Las Furias

Gerardo de la Concha

Ediciones B

Costo: $299


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