La “negrita” en defensa de México

Texto y fotos por Sugey Cruz

En el marco de la conmemoración del 154 aniversario de la Batalla de Puebla en el Peñón de los Baños al oriente de la cuidad, los medios de comunicación se dan cita para cubrir el evento y tratar de captar la mejor imagen de los combatientes, pero para Carmen no sólo es un día festivo, representa parte de su forma de vida, raíces y esencia.

Carmelita, como la llaman sus seres queridos, inició su batalla a muy temprana hora, sacó del baúl el traje de zacapoaxtla, los huaraches, collares coloridos y desempolvó su canasta. Ella es una adulta mayor, de mirada dulce y tierna sonrisa, viuda desde hace 18 años y madre de tres hijas, pero el paso de los años no le impiden formar parte activa de los festejos de su pueblo natal.

Las calles del Peñón de los Baños se visten tricolor, la música tradicional mexicana se escucha por cada rincón y el personal que resguarda la seguridad se alinea para recibir instrucciones. Mientras, en casa de Carmen la lucha con los deberes del hogar ha concluido y es momento de dejar la escoba, el recogedor y los trastes a un lado, para darle vida a la “negrita”, una de esas mujeres que con valentía, amor y pasión, defendieron la soberanía de nuestro país durante aquel 5 de mayo de 1862. Después de planchar el valeroso atuendo, Carmelita se colocó con orgullo su traje, peino sus cabellos en forma de trenzas y pinto su rostro de color negro, tomó su canasta y se condujo rumbo al jardín principal del peñón para encontrarse con el resto de los participantes.

El sol gobernaba majestuoso en el cielo de la Cuidad de México, los índices de contaminación notablemente elevados y la contingencia en fase preventiva, pero ninguna de esas características fue una limitante para que los habitantes del Peñón de los Baños continuaran con la tradición que ha pasado de generación en generación. Con orgullo los hombres que representaban a los ejércitos invasores, lucían sus escopetas y cañones, engalanando las calles con sus mejores pasos de baile, mientras la música de banda se escuchaba con fuerza.

Carmelita luce sus grandes collares multicolor, como lo ha hecho por 15 años consecutivos en esta conmemoración, baila, grita y se enorgullece de sus raíces y trata de contagiar ese gusto a las nuevas generaciones. A la distancia se escucha un sonido particular y chillón, un ruido distinto al de las bandas de viento, es el estruendo característico de la chirimía, mientas un grupo de personas debidamente caracterizados entonan “chito chito chito hucan, muera la Francia huiri huran, por que la Francia huri hurian”, se trata del ejército rojo, hombres y mujeres de todas las edades que bailan marcando el paso y haciendo sonar su huaraches al ritmo de la música, rápidamente Carmen se une al grupo y adopta el paso con facilidad, mientras su garganta entona con fuerza las coplas de la lucha.

El reloj marca su paso y Carmelita luce orgullosa su atuendo, con una canasta llena de patitas de pollo cocidas, rábanos y cebollas en su brazo izquierdo, alimentos que durante el recorrido compartió y saboreó con sus compañeros, propios y extraños, sin perder la sonrisa. Así sin perder nunca el entusiasmo y al son de la música de chirimía, hizo gala de su ritmo; mientras los huaraches marcaban los pasos del combate, recorrió con el resto de los participantes los alrededores de la colonia que antes de los españoles fuera un islote del lago de Texcoco. Los cañones sonaban con fuerza a su paso acompañados de sonidos ensordecedores de las bombas en las escopetas y la prensa trataba de capturar el mejor momento para la posteridad.

Pero a Carmen no le importaron los fuertes rayos del sol, tampoco el largo recorrido o los niveles tan altos de contaminación, ella sólo se dejó conducir por el ritmo de la música, la pasión y el orgullo que corre por sus venas, para olvidar el mandil y formar parte de la representación más hermosa de la localidad, pues sabe que al terminar el día, debe guardar el atuendo, descansar el cuerpo y volver a llenarse de vigor para que el próximo año “si dios quiere”, como bien dice, volver a compartir en gusto de convertirse en negrita.

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