La familia deja huella

Su hijo y sus padres tienen un lugar en el brazo derecho: “son pequeñas obras para celebrar a mis seres queridos”, dice Oscar Baltazar.

Fotos y diseño Miguel Ulloa Maciel

Texto Anabel Clemente

Oscar Baltazar Berra cuenta con cinco tatuajes, y cada uno tiene un significado emocional: su familia. Adornan sus brazos los nombres de su mamá y de su papá, estrellas que simbolizan a cada integrante de su familia, las huellas de su hijo recién nacido y una catrina con un vestido oaxaqueño, el favorito de su madre.

img_2256El comerciante que vive en Ciudad Nezahualcóyotl describe esos diseños “como si se trataran de una pintura en el cuerpo; es el arte de tener cosas que signifiquen para ti, plasmadas en la piel”, cuenta mientras carga a su hijo Esdras.

Uno de los tatuajes más emotivos para él es el que simboliza a su primogénito. “A los 15 días de que nació mi hijo lo llevamos al registro civil; el del registro usó tinta para plasmar las huellas de sus dedos en el acta, y le pedí que me dejara plasmar las de sus pies en una hoja, para írmelas a tatuar, y así lo hice. Mi esposa se enojó porque no la llevé, ella quería ver cuando me las pusieran”, comparte con una mirada de complicidad a su esposa Dolores Luna, quien no se ha atrevido a decorar su piel.

Oscar cuenta que el próximo arte que llevará a su cuerpo es el nombre de su hijo, lo quiere en la parte posterior de la oreja. A diferencia de los tatuajes que ya tiene, el que planea estará oculto, se trata de un detalle que compartirá sólo con su familia.

El joven padre tiene 31 años y se ha tatuado en tres lugares diferentes: la Providencia, Casas Alemán y Bosques de Aragón, tres colonias de la delegación Gustavo A Madero, donde tiene distintas amistades. Por esa razón no ha invertido mucho dinero: “el primero me lo hizo un amigo y no me cobró nada, el segundo tampoco. El tercero hicimos un intercambio de trabajo por ropa, y el cuarto, las huellas de mi hijo, sí invertí 700 pesos. El último fue una chamba porque les llevé una vitrina a mis amigos que iban a abrir su estudio, entonces él me dijo que me regalaría una de dos sesiones, en la segunda, para acabar mi tatuaje, gasté 400 pesos”, explica.

“Es una adicción”, asegura al hablar de sus próximos diseños. Aunque inició a decorar su cuerpo cuando tenía 22 años no ha tenido problemas por encontrar trabajo, la razón: el autoempleo. Como comerciante no ha cubierto sus tatuajes, pero destaca que aún falta cultura entre los mexicanos para no discriminar.

“Toda la gente te discrimina al verte tatuado o que traes una perforación, hasta por la vestimenta a veces piensan que eres ratero, siempre hay una excusa para hacerlo”, agrega.

oscar

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