La estafa…

Por Roberto Rosendo Ríos Vargas

@ROBERTODELRI0

“Importante empresa solicita por expansión auxiliar administrativo, 2,600 semanales”

Definitivamente esta fue la frase que me enganchó, la leí en la sección de empleos en uno de los periódicos que se encontraban en mi casa. Al día siguiente, sin verificar la existencia de la empresa, salí muy temprano y me presente a entrevista.

Me puse mi traje gris; sí, ese que ocupo para casi todos los eventos importantes, lustré mis zapatos y escogí una de mis mejores corbatas, ya que dicen que la primera imagen es la que cuenta. Cabe señalar que en mi condición de recién egresado no hay muchas ofertas de empleo, así que no se pueden dejar pasar las oportunidades.

Llegue muy temprano a las oficinas donde era la cita y para mi sorpresa noté que había una cantidad enorme de personas haciendo fila; me llamó mucho la atención que todos iban para el mismo puesto; imaginé que era una empresa grande y por eso solicitaban tanto personal.

Ya en el interior y después de esperar casi una hora bajo el rayo del sol, ingresamos a un auditorio en el que había mucha más gente esperando; para compensar el tiempo, nos ofrecieron jugo de naranja y galletas; además, en una pantalla gigante se proyectaba la película “En busca de la felicidad”.

Después de un largo rato logré entrar a la tan ansiada entrevista, no me pidieron mis documentos y solo se limitaron a hablar sobre su compañía, y mis ganas de integrarme a una de las mejores empresas del país. La persona que me cuestionaba tenía todo menos facha de reclutador, su camisa, su traje y su corbata decían otra cosa; además mostraba un tono egocéntrico, me preguntó si tenía tiempo para quedarme a las evaluaciones, no sin antes advertirme que si accedía por ninguna razón podía abandonar la sala.

Decidí quedarme con tal de obtener el empleo y cuando iniciaron las “evaluaciones”, lo primero que nos dijeron, era que estábamos apunto de entrar a trabajar a una gran corporación, nos mostraron fotografías de casos de éxito. Más de uno se emocionó al ver los carros último modelo y los viajes en yate de las personas que empezaron desde abajo y que ahora eran gerentes o socios.

Después de la plática motivacional, entramos en grupo a realizar las pruebas, para este momento ya pasaba del mediodía y de nueva cuenta nos advirtieron que las personas que no pasaran los exámenes no serían contratadas. Nos entregaron una hoja con 60 preguntas, las primeras quince eran datos personales, las siguientes 40 fueron del tipo ¿estoy capacitado para realizar este trabajo? y las últimas cinco tenían que ver con aspectos de la vida cotidiana. Bastante fácil, pensé, y me dispuse a completar la evaluación.

Al terminar, uno a uno nos fueron llamando para darnos el resultado; lamentablemente la mitad del grupo no acreditó la prueba, “es una lástima” mencionó el encargado y amablemente les pidió que se retiraran del salón; alrededor de 15 personas permanecimos en el lugar, fuimos felicitados y nos entregaron un comprobante con el que tendríamos que asistir al siguiente día a un seminario de estrategias de integración, así como cupones para acudir a una plática de superación personal.

¿Y el empleo? ¿En qué momento voy a firmar el contrato? Le pregunté al supuesto reclutador y nuevamente me comentó que no debía preocuparme, que ellos ya tenían mis datos y que harían el trámite correspondiente.

¿Pero si nunca les entregué mis documentos, cómo realizarían el trámite? Ya eran más de las dos de la tarde, mi estómago empezaba a sentir los estragos de no haber desayunado bien. El tiempo pasaba y el proceso de selección seguía, ahora nos encontrábamos en una sala donde nos dieron la bienvenida a la organización, nos entregaron más documentos, los cuales debíamos firmar. Si alguien tenía alguna duda tenía que esperar al final de la plática para que alguien se la aclarara.

Las horas transcurrieron, ya no nos volvieron a ofrecer ni jugo, ni galletas; los oradores hablaban y hablaban e implementaban dinámicas de empatía para que no nos aburriéramos. Alrededor de las cuatro de la tarde, nos pidieron una cuota de 50 pesos, con los que se cubrían los gastos de papelería, esa que se nos fue repartiendo a lo largo del día. Además, nos proporcionaron un estuche de muestras de lociones y una hoja con sus respectivos nombres y precios, nos dijeron que como prueba final, teníamos que vender 40 perfumes, pero como los gerentes y ejecutivos de la empresa eran personas que creían en nosotros, solo debíamos vender 10.

 

Por fin nos dejaron salir de la sala, nos citaron para el siguiente día en el que supuestamente nos entregarían el contrato y nos explicarían las formas de pago. También nos recomendaron llevar el dinero correspondiente a la venta de las 10 lociones, ya que eso nos abriría más puertas.

Salí cansado, aburrido y con mucha hambre; llegue a mi casa y comencé a buscar en la web información sobre la supuesta corporación, en algunos foros encontré casos parecidos al mío, me di cuenta que había caído en las redes de una empresa fraudulenta que se dedicaba a enganchar y engañar a muchas personas ofreciendo un empleo bien pagado y lleno de beneficios.

El negocio de estas organizaciones es la venta de los perfumes, después de venderlos, la persona entrega sus ganancias para unirse a la compañía, una vez dentro, las actividades básicamente están dirigidas a atraer más gente y hacerlas caer en el mismo engaño. Desafortunadamente no hay suerte para todos ya que las personas que no logran vender las lociones tienen que pagarlas de su propio dinero, situación que se aclara en una de las tantas hojas que se firman el primer día y quien no lo hace queda descartado para la contratación.

Ya no volví a presentarme en ese lugar, ya había perdido demasiado tiempo, además de los 50 pesos que me pidieron amablemente. Total que son 50 pesos, pude haber perdido más, pero también pude ahorrarme todo este trajín si desde el principio hubiera investigado antes este tipo de “Gran oportunidad de empleo”.

En varias ciudades del país existen empresas fraudulentas que se dedican a estafar a cientos de personas haciéndoles creer que serán contratadas y obtendrán muy buenos beneficios. La mayoría son jóvenes que buscan tener un ingreso para continuar con sus estudios, aunque todo aquel que vea el anuncio puede correr la misma suerte.

 

Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a mi correo electrónico.

 


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El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al fútbol. elbone089@gmail.com

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