La diva de la ruta 19

Por Roberto Rosendo Ríos Vargas

@ROBERTDELRI0

Ella tiene alrededor de 25 años, es morena, de estatura media, el cabello lo lleva teñido de rubio, se dedica a la venta de tortas y refrescos, los transporta en una caja de huevo y un bote; casi siempre a las 12 del día comienza con su vendimia y se marcha cuando acaba todo lo que trae.

Su negocio se ubica en el paradero de la estación del Metro Pantitlán, ahí le encarga la caja a alguien y se mueve de ruta en ruta, para intentar captar a un gran número de clientes y, con ello, hacerse de un buen dinero.

Seguramente todo esto lo hace para llevar un ingreso a su casa, tal vez sea una víctima más del desempleo que tanto afecta a nuestro país; quizá tuvo que dedicarse a eso por la falta de oportunidades, o simplemente un día alguien le dijo que las tortas le quedaban muy bien y decidió salir a venderlas.

Algunos choferes le piden por encargo, otros la tratan con poco respeto y le hacen comentarios ofensivos, por ejemplo, he escuchado: “¿por qué no me vendes mejor tus tortas?” o “¿de a cómo esas tortas amiga?”, en ocasiones ella sólo contesta con una sonrisa y se va.

Cuando comenzó con el negocio se vestía de forma normal, usaba pantalones de mezclilla o pants y tenis, playeras casuales y casi nunca estaba maquillada, pero después de un tiempo comenzó a cambiar. De repente la vi diferente, traía el cabello suelto, recién pintado de un tono más claro y brillante, la ropa más ajustada y con los colores de moda, las blusas escotadas; de un tiempo a acá usa faldas y medias, a veces anda con zapatillas; su maquillaje es más pronunciado, en general cuida mucho más su apariencia.

También su trato ha cambiado, ahora les habla de tú a tú a los choferes, a donde quiera que va sonríe, se contonea, vacila con la gente, ha aprendido el lenguaje de los conductores y siempre que alguien le pide una torta no tarda en ir corriendo y hacer la entrega. Se sube a los camiones, las micros o las combis, platica unos segundos con quienes van al volante o los cobradores, pero, eso sí, siempre cobra por adelantado porque ella no fía. Por lo que he escuchado no le gusta estar correteando a la gente para que le paguen y para que quede claro lo grita muy fuerte: “no soy abonera”.

En el paradero, todos la conocen como “La diva de la ruta 19”, porque es justo donde esos micros hacen su base, ella está ahí casi todo el día. Es tanto su éxito que, en tan solo unos meses que lleva en el lugar, ya tiene enamorado a más de uno, desde operadores hasta usuarios. Algunos dicen que es por el sabor de sus tortas, otros opinan que es por su cambio radical.

Además, desde hace unos días se hace acompañar por algunas amigas que, igual que ella, llevan ropa ajustada, zapatillas y bolsa de mano. Le hacen la plática a cualquiera que se para a preguntar por las tortas o los refrescos, sonríen todo el tiempo, gritan de base a base mientras le hacen compañía a “La diva”.

Yo creo que su cambio le ha servido pues el negocio ya creció. Ahora también vende cigarros sueltos y chicles, además ya es famosa, y ¿a quién no le gusta que le reconozcan?, y mientras, los compradores comen y se echan un taco de ojo.

En los paraderos de la Ciudad de México, cada vez es más común ver a mujeres que cobran o que están como encargadas de la base, hay algunas otras que manejan los taxis o las combis. No todas son como “La diva de la ruta 19”, ya que para muchas el respeto a ellas y a su trabajo es lo más importante, la mayoría no busca fama ni reconocimiento, solo se dedican a hacer su trabajo y ya.

Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a mi correo electrónico elbone089@gmail.com


El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol.

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