La década del nuevo detective de gorro raro

Por Francisco Contreras
@FContrerasMX

Se cumplieron diez años de la primera transmisión de la serie Sherlock, la que para mí es la mejor adaptación a la televisión de las aventuras del célebre detective de Sir Arthur Conan Doyle, y no puedo evitar pensar cómo ha cambiado la investigación desde finales de los 1800.

De hecho, mucho ha pasado desde aquel episodio en que un conocido en común presentaba al Watson interpretado por Martin Freeman y al Holmes de Benedict Cumberbatch en un laboratorio del hospital de Saint Bartholomew en Londres, donde tras impresionarlo con sus dotes para la observación, Sherlock lo citaba al otro día para que le diera su opinión sobre un departamento que ya había rentado y al que ya se había mudado. La dirección: Calle Baker 221B.

En esa década no sólo hemos podido ver un sin fin de programas policiacos, detectivescos y hasta forenses, sino también vivimos el cambio de la televisión convencional a través de canales y sistemas públicos y de paga, por ondas o por cable, a las plataformas de streaming como Netflix, Amazon, Clarovideo, etc. 

Es justo aquí donde entra lo que creo que ha cambiado más desde que en las historias originales un Conan Doyle hasta cierto grado ingenuo propuso a través de Sherlock Holmes las bases de lo que ahora conocemos como ciencia forense, con su identificación de criminales a través de la huella digital y el uso de la inteligencia para la persecución de delincuentes más allá del uso de testigos y la capita infraganti. Sin embargo, creo que no contaba con que ahora todos serían detectives.

Porque esta es una de las cualidades aparentemente adquiridas por todos tras ver unos capítulos de CSI o Criminal Minds, como podemos ver en los millones de comentarios que a diario se vierten en las redes sociales sobre infinidad de temas; que si el criminal de moda pudo o no cometer tal hecho, que si una muerta hace años pudo morir como se dijo o fue asesinada.

Aunque extrañamente los crímenes no han bajado, a pesar de que ciertos aspectos de la criminalística ya están entre la cultura popular, y aunque podría parecer que se ha formado cierto gusto por la justicia.

Para esto tenemos justo ese primer episodio de la serie creada por Steven Moffat y Mark Gatiss (titulado Estudio en Rosa) y que trae al siglo XXI al famoso detective sin despegarse del personaje salido de la pluma de Conan Doyle, donde el inspector Lestrade lleva a Sherlock a investigar una escena del crimen, acompañado por primera vez por Watson, y en un intento de humillarlo el forense Anderson le dice que la víctima, vestida por completo de color rosa, escribió “venganza” en alemán (rache) en el suelo antes de morir. Y es que aunque ya sabemos algunas cosas (por lo menos más que en 1800), seguimos sin ver lo evidente, moviéndonos mecánicamente, como Holmes se lo hace notar al restregarle el hecho de que es más lógico que la víctima escribiera el nombre de su hija muerta (Rachel) a que quisiera escribir venganza en alemán.

De hecho, este aspecto de la “democratización” de la criminalística es motivo de burla en aquel capítulo, cuando casi al final el detective se encuentra con el asesino y éste le habla sobre la falta de intelecto de la gente, recibiendo de Holmes un “ah, ya entiendo, tú también eres genio”, o en el último capítulo de la segunda temporada, La caída de Reichenbach, donde a una reportera le gana la soberbia y se cree todo lo que Jim Moriarty inventó para desacreditar al famoso detective del sombrero extraño.

Y digo, no es que esté mal ese interés por la resolución de misterios, sino que éstos sirvan por la simple presunción de superioridad intelectual y se apliquen a la vida diaria, porque eso del análisis y la observación puede, y debe, ser llevado a todos los aspectos de la vida, sobre todo antes de emitir un juicio o un comentario en las redes sociales, tanto digitales como físicas, porque de nada sirve ver mil programas de este tipo si se seguirá creyendo que hay una máquina donde se le pone una gota de sangre y a los cinco minutos aparece el nombre del dueño, sin meterle más datos, o que de cualquier cámara de videovigilancia se puede hacer zoom e inmediatamente, sin importar su calidad ni iluminación, se aclarará la imagen para mostrar las placas en alta definición.

Porque ya lo dijo Irene Adler (segunda temporada, Escándalo en Belgravia) “ser inteligente es el nuevo sexy”.

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