La curiosidad mató… a las mariposas

Por Anabel Clemente

@Ana_cletre

“Tómame una foto”, le dijo una chica a su novio mientras sostenía una rama con una mariposa en ella. La mujer se acercó al insecto con la pose del momento, la “duck face”, y un flash al frente marcó el fin de la instantánea. La protagonista soltó la rama, la dejó caer y siguió su camino.

Se pide evitar estar más de 15 minutos en el santuario, ya que las mariposas detectan con sus antenas el dióxido de carbono que emanamos.

Como ella, decenas de personas en la cima de la montaña del paraje Piedra Herrada, en San Mateo Almomoloa Temascaltepec, Estado de México, admiraron, el sábado, a las millones de mariposas que se alojan entre los árboles de más de 40 metros de alto. Algunos se tomaban fotos, otros explicaban a sus acompañantes el camino de los insectos, unos más sólo miraban y otros levantaban las mariposas muertas.

En el santuario de las Mariposas Monarca se pide no tocar a estos insectos, ya que tienen miles de escamas sensibles al tacto.

“No se puede llevar mariposas, señor, aquí se deben quedar”, le dijo una de las guías a un papá que daba a su hijo una de las mariposas que teñían el suelo de amarillo. El señor dejó el insecto y, cuando pudo, levantó otro, lo guardó en su bolsa y continúo su recorrido.

En 2015, el gobierno de Estados Unidos prometió entregar 3.2 millones de dólares para ayudar a salvar a la mariposa monarca.

Según la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) la estancia de los visitantes al santuario de la Mariposa Monarca no debe pasar de 15 minutos, se debe permanecer en silencio y los caballos no deben llegar hasta la cima del camino de 40 minutos, aproximadamente.

En 1976, la revista National Geographic publicó el gran hallazgo de los sitios de hibernación de estos insectos en México.

Sin embargo, la señora Gregoria González, una de las guías, cuenta que de diciembre a marzo cerca de cien autobuses con turistas nacionales y extranjeros llegan cada sábado y domingo a Piedra Herrada, muchos llevan niños que no guardan silencio y jóvenes que se llevan mariposas muertas.

En 2008 se designó a la reserva de mariposas monarca como Sitio de Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

La señora González es una de las 300 personas que se trasladan del centro del municipio de San Mateo cada “temporada de mariposas” para servir de guías, algunos con caballos otros sin compañía, para recibir más ingresos.

 

“Cuando no hay mariposas nos dedicamos al campo, algunos siembran chícharos, otros papas, aunque también la tierra ya no es tan buena”, cuenta la señora que hace hasta cinco recorridos de unos siete kilómetros al día “en temporada alta”; en enero es cuando más gente viene, dice.

Frentes fríos y fuertes nevadas afectaron al menos a 100 hectáreas de bosques, que constituyen el hábitat de dichos insectos durante su periodo de hibernación.

El trabajo comunitario en la región se observa: familias enteras trabajan como comerciantes o guías, desde niños que jalan caballos, hasta ancianos que sirven de cronistas. Sin embargo, el control de la Profepa no se observa.

En la vereda que lleva a la cima del santuario hay pancartas que anuncian el punto máximo en el que deben dejar de circular caballos, no obstante, estas no son respetadas. Hay tres puntos en los que, por 150 o 200 pesos, se puede alquilar un animal para ver el sitio que resguarda a las mariposas.

Además, se observan pocos vigilantes del santuario, los turistas toman fotos, se llevan mariposas y permanecen por más de 15 minutos en el santuario sin más atención que el de los guías.

Hace 42 años se descubrió el refugio invernal de estas especies de once centímetros, y desde los años noventa algunos espacios están abiertos al público. ¿Es necesario que se cierre el acceso al turismo?

El psiquiatra y escritor español, Enrique Rojas, decía: “una cultura que vive de espaldas a la muerte pierde densidad y, sobre todo, escamotea una de las dimensiones esenciales de la vida humana”.

 

El ecoturismo es fundamental en la región de Valle de Bravo en el Estado de México, sin embargo, el abuso tanto de quienes reciben un beneficio del turismo, como los visitantes que no siguen las indicaciones deterioran el hábitat de las mariposas que cada año reducen su número al llegar a su refugio en México, después de recorrer 4.5 mil kilómetros desde Canadá.

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