iPhone 7 o la nostalgia tecnológica

Por Mario Alberto Leyva Guzmán

La perdida de la inocencia tecnológica, como toda perdida, trae consigo un tono nostálgico. Las grandes compañías y todo su poderío han encontrado en la controversia una nueva forma de mercadotecnia. El iPhone 7 se a convertido en un producto del ocio como método de inspiración más que la practicabilidad.

Ahora que tenemos en nuestras manos el futuro, solo queda maquillarlo de vez en cuando. Un lujo inútil. Así pues tenemos los atributos técnicos. La promesa es tener un teléfono que estará a salvo de agua y polvo; una cámara mas potente, con tres veces mas tiempo de exposición; la batería más duradera en la historia del iPhone, la cual ofrece dos horas extra de diversión que su antecesor; y una pantalla con resolución, en teoría, mas nítida que la realidad misma.

Además de estos aspectos técnicos, los cuales nos son gratuitos, Apple nos ofrece, literalmente hablando, la gran novedad de pagar más y obtener menos, concepto que define la modernidad hoy en día. Un par de auriculares sin cables.

Algunos comparan el cable con el hilo que mantiene un tampón a salvo; y con mucha razón más de uno duda del uso del sentido común detrás de esta idea. Es verdad que los grandes inventos han ido en contra del orden establecido y alguna vez fueron vistos como disparates, pero estamos hablando de algo completamente distinto. Desde siempre Apple nos ha vendido la idea de poder llevar acabo grandes tareas de manera sencilla y sin mucho esfuerzo. Ahora nos obliga a recurrir al viejo método de pensar y activamente cuidar de nuestras acciones para no perder los auriculares.

Apple nos pone en una encrucijada que podría servir de metáfora para entender el porqué la compañía no es tan popular como alguna vez lo fue. Devotos de «la manzana» saben que la practicabilidad se ha ido junto con el cable, podemos comprar un adaptador para ello, o podemos comprar algún otro teléfono, pero la nostalgia es un sentimiento que nos vuelve adictos a repetir el mismo error permanentemente.

Yo ya he empeñado mis más preciados tesoros para pagar el enganche de uno de estos artefactos. Con suerte podré usarlo un par de meses antes de que se vuelva obsoleto.

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