Historias para la perpetuidad

Al realizarse tatuajes, Alejandro Mejía se cerró las puertas laborales de su profesión: la milicia y la seguridad privada.

Fotos y diseño Miguel Ulloa Maciel

Texto Anabel Clemente

A veces los cambios radicales sirven para demostrarnos que los prejuicios son temporales y que toda decisión traerá consigo consecuencias favorables y negativas; agradables y tormentosas. Alejandro Mejía lo descubrió cuando dejó de lado su formación como militar para plasmar recuerdos, símbolos y emociones en su piel.

Formado en el Colegio Militar, con un futuro en los servicios de seguridad privada o en el gobierno, Alejandro decidió tatuarse un ave fénix en el hombro izquierdo, así como esa especie se reinventa, lo hizo Alejandro: dejó de ser el hijo bueno de la familia para convertirse en el rebelde, por el simple hecho de tatuarse.

A partir de ese momento —tenía 24 años— su vida cambió. Las puertas laborales se le cerraron, había sido militar, trabajó para la Policía Federal y su circulo inmediato era entre autoridades de servicios penitenciarios, de la Seguridad Pública y de empresas de seguridad privada, y decidió convertirse en comerciante. “Debido a esa decisión en ninguna institución de seguridad nacional me aceptan, entonces ese espacio laboral está cerrado para mí”, comparte.

Él vive en Iztapalapa, pero sus 14 tatuajes —hasta ahora— se los ha realizado en distintas partes de la Ciudad de México, desde Iztapalapa hasta Indios Verdes y Atizapan de Zaragoza. Sólo uno de los diseños que se ha plasmado no lo ha dejado satisfecho, y es precisamente el que le costó más dinero, dos mil 700 pesos, uno que lleva en la espalda.

Ahora tiene 30 años y asegura que el conocer el mundo del tatuaje puede ser más selectivo, en cuanto a tatuadores, preferencias sobre los diseños y estudios en los que quiere realizarse más imágenes. Por eso ha explorado distintos estilos, desde tribal, escala de grises, tradicional y full color.

Él creció en una familia prejuiciosa, así la califica; sin embargo, destaca que una vez que comenzó a tatuarse, su familia también reconsideró sus tabús sobre la gente tatuada, pues ahora venestos detalles como manifestaciones artísticas y sentimentales, pues más de tres diseños que lleva Alejandro son inspirados en su familia, principalmente, en su abuelo.

alejandro

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