Hasta que el cuerpo aguante

Roberto Rosendo Ríos Vargas

@ROBERTODELRI0

El día que decidí entrar a trabajar en esto fue más por necesidad que por gusto, nunca me había gustado ganar dinero con el sudor de mi frente, estaba acostumbrado a estirar la mano y que mis padres me dieran todo. Así es como Mich comienza a narrar su historia, sentado en una banca mientras se prepara para entrar a la pista de uno de tantos centros nocturnos donde se ofrecen shows solo para mujeres.

El sexo femenino siempre me ha gustado y con más de una he tenido mis quereres, pero nunca pensé que tendría que vivir de ellas para salir adelante. Fue cuando nació mi hija, que los problemas económicos llegaron a casa y para colmo, en el trabajo que tenía en ese momento, las cosas no andaban bien, el dinero empezó a escasear, así que debía buscar algo más qué hacer, por mí y por mi pequeña.

Dicen que cuando el hambre entra por la puerta, el amor se va por la ventana y así fue como comenzó todo. Siempre me gustó hacer ejercicio y tenía el divino tesoro de la juventud, así que un día decidí buscar suerte en el mundo de los servicios del placer ocasional. Uno de mis compañeros del gimnasio me invitó a bailar en un show, según me dijo se ganaba bien, pues además de la paga por evento, había oportunidad de ganar más dinero por realizar bailes privados con las clientas.

Llegué al lugar, le eché muchas ganas, puse todo mi esfuerzo y aún así, no me fue bien, ya que el encargado solo le pagó a los que tenían más experiencia y a mí solo me dio 50 pesos. Recuerdo que ese día salí frustrado, enojado, cansado y sin muchos ánimos, pues las cosas no habían resultado como yo esperaba.

Mientras cuenta su primera experiencia, una chica que ofrece bebidas y bocadillos entra al camerino; el bullicio del exterior se cuela por debajo de la puerta, muchas son las féminas que han abarrotado el lugar y esperan ansiosas la espectacular entrada de Mich.

Los primeros meses fueron difíciles, pues a pesar de que me invitaban a muchos eventos el sueldo no mejoraba, así que tomé una decisión: mejorar en todo, por lo que invertí más tiempo en el gimnasio, comencé a comer mejor y me realicé un cambio de imagen; también empecé a trabajar con stripers de más experiencia y con más tiempo en el negocio.

Mich hace una pausa y a lo lejos se anuncia el nombre del chico que abrirá la pista, el grito de las mujeres se hace presente, pues todas quieren ver a esos hombres “perfectos” desfilar por la pasarela.

El tiempo pasó y mi trabajo me fue recomendando, de un momento a otro tenía eventos de lunes a viernes, en lugares dentro y fuera del Distrito Federal; además me metí en el negocio de ser acompañante de señoras, así el dinero llegó, las carencias económicas se fueron a menos, ahora prefería la ropa cara, me compré mi primer auto, me di algunos lujos sin caer en los excesos, porque se dice que si quieres llegar lejos en este oficio, uno de los requisitos es tener buena salud. Mientras tanto, una compañera de Mich le unta aceite en el cuerpo para que cuando salga a brindar su show se vea brillante y definido.

Con el tiempo mejores oportunidades llegaron, comencé a viajar acompañando mujeres a otros estados del país, algunas pagaron con autos mis servicios, otras, grandes cantidades de dinero o cenas en lugares exclusivos; incluso una me regaló un departamento. Esto es de tener contactos, así que empecé a relacionarme con personas del medio artístico, participé en algunas series y telenovelas. Afuera del camerino, los gritos son cada vez más fuertes, el show está en su máximo esplendor, los stripers hacen gala de sus mejores movimientos, ya se han despojado de la ropa y se dedican a satisfacer el ojo de las presentes.

Desafortunadamente en una profesión como la mía hay que cuidarse, el cuerpo y la juventud no duran para siempre, debes pensar en el futuro, además de que en un ambiente como este no estás exento de los vicios, las drogas y el alcohol en la vida nocturna son el pan de cada día y también existe el fantasma de las infecciones de transmisión sexual, esas están a la orden del día.

En nuestro trabajo no hay espacio para el amor ni para las relaciones serias o a largo plazo, pues uno está siempre en constante movimiento, no puedes detenerte a pensar en ello. No puedes ser fiel, pero si puedes ser leal. Dicen por ahí que primero lo que deja y después lo que apendeja. Espero seguir en este ambiente por muchos años, pues se ha convertido en mi estilo de vida, bailar para las mujeres es lo que más me gusta y lo seguiré haciendo hasta que el cuerpo aguante.

Entonces llega el turno de Mich para cerrar espectacularmente la noche, unos segundos antes de aparecer en la pasarela toma aire, bebe agua, estrecha las manos de sus compañeros, se pone sus característicos lentes oscuros, se acomoda el moño que trae en el cuello y abandona el camerino con una amplia sonrisa.


El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol.  ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a elbone089@gmail.com

 

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