Guimarães Rosa: el escritor de su propio idioma

Por Hélio Rocha
Ilustraciones de Rafael Dantas

En el interior de Brasil, en Minas Gerais, específicamente en Cordisburgo, una ciudad de nueve mil habitantes y cien kilómetros alejada de la capital, Belo Horizonte, se encuentra, o casi se esconde, un museo pequeño, que guarda la memoria de un de los más importantes escritores brasileños: João Gumarães Rosa.

 Quizá sea de los grandes de toda América Latina, pero lidió con la dificultad para la divulgación de su trabajo: escribió su prosa en una lengua que tuvo el cuidado de investigar y escribir, la de los llamados “matutos”, brasileños del interior que hablaban esa lengua cuando aún no se había consolidado el portugués formal en todo el país.

            Con algo de portugués, pero mucho de palabras indígenas y africanas, además de acento y expresiones propias, el dialecto matuto fue documentado en años de trabajo de Guimarães Rosa como diplomático y agente del Gobierno de Minas Gerais.

Dedicado investigador de la historia brasileña de principios del siglo XX —cuando explotaron revueltas sociales en todo el país contra una República oligárquica y corrupta—, Rosa escribió su principal obra en ese idioma, construyendo una novela tan clásica como desafiante para académicos y lectores.

            “Grande Sertão: Veredas”, traducido también al español, cuenta la historia de los rancheros del interior de Minas Gerais al inicio de las revoluciones de los años 1910, y sobre todo de dos grupos de bandidos armados que recorrieron el país robando cuarteles y grandes haciendas para distribuir riquezas a la población.

En el Nordeste, principalmente los estados de Pernambuco, Paraíba y Rio Grande del Norte, surgieron los “cangaceiros” liderados por Lampião (llamado así por su uso de lámparas de aceite al atacar las haciendas). En el Sudeste y Centro-Oeste del país, los “jagunços”.

            Guimarães Rosa, nacido en Minas, tiene en su narrativa las historias de los jagunços, en “Gran Sertón: Veredas” describe la gran amistad de los jagunços Riobaldo y Diadorim, que combaten junto al grupo del jefe Joca Ramiro contra los federales y los grupos rivales. En ese contexto, realiza magníficas descripciones de los paisajes del interior brasileño, amor, guerras, traiciones, y incluso un pacto con el diablo. Todo bajo la cosmovisión de los brasileños del interior de hace cien años.

            La forma de escribir reproduce el habla de aquel tiempo, lo que es difícil traducir incluso para luso-hablantes.

“De primeiro, eu fazia e mexia, e pensava e não pensava. Não possuía os prazos. Vivi puxando difícil de difícil, peixe vivo no moquém: quem mói no asp’ro não fantasêia. Mas, agora, feita folga que me vem, e sem pequenos dessossegos, estou de range rede. E me inventei nesse gosto de especular ideia. O diabo existe e não existe. Dou o dito. Abrenúncio. Essas melancolias. O senhor vê: existe cachoeira; e pois? Mas cachoeira é barranco de chão, e água caindo por ele, retombando; o senhor consome essa água, ou desfaz o barranco, sobra cachoeira alguma? Viver é um negócio muito perigoso…”

Que se traduce más o menos así:

“Inicialmente, yo hacia y movía, y pensaba y no pensaba. No teína los plazos. Viví tirando duro de los peces vivos en el moquém (una parrilla indígena tupi): quien prensa en el áspero no fantasea. Pero ahora, que me he jubilado sin ninguna pequeña molestia, estoy preocupado. Y me inventé con el gusto de especular cosas. El diablo existe y no existe. Te lo he dicho. Exorcizo. Esas nostalgias. El señor mira: existe una cascada; ¿entonces? Pero una cascada es un barranco en el suelo, y el agua cae a través de ella, retumbando; ¿usted consume el agua, o deshace el barranco?, ¿encima de ninguna cascada? Vivir es una cosa muy peligrosa…”

                  Más o menos porqué estar en el “range rede” no es exactamente “estar preocupado”, lo que sería la misma palabra en portugués. Es una expresión que traduce el sentido de quien no puede dormir, porque el brasileño del interior dormía en hamacas colgadas en los árboles o columnas de las casas, lo que había aprendido con los índios tupis. Si estaba sin sueño por preocupación, balanceaba la hamaca, lo que generaba  ruído del hierro en el que se sostenía. El “ruído de las chavetas de las hamacas” es el “range rede”, pero no se traduce bien, así como otras expresiones en ese párrafo.

            Por eso leer a Guimarães Rosa es desafiante, y por eso es desconocido fuera de Brasil, incluso en Portugal. Pero a los académicos lo ven como uno de los escritores más importantes del continente, comparándose a Borges, García Márquez o Cortázar, por su inventiva lingüística. Si el lector de español se interesa por aventurarse en el dialecto portugués de Guimarães Rosa, está genial, pero si tiene curiosidad por la historia, existe una excelente novela gráfica, en portugués convencional. Por ser una lengua hermana y haber pocas frases, se comprende bien.

            En los links, si puede leer en PDF la versión original y la traducción española. La novela gráfica se encuentra en Amazon y aquí, el libro en papel en su versión brasileña.

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