Frivolidad: literatura para la mujer moderna

Por David Romero

@daromtap

Es evidente que en la actualidad no se puede concebir el surgimiento y la consolidación de un nuevo género artístico sin el impulso propagandístico que dan los medios de comunicación; situación que subordina el genio creativo ante la proliferación de símbolos comerciales, que en su intento por recrear la realidad, establecen obras llanas que rompen con la esencia muchas veces revolucionaria y humanística del objeto artístico.

Tal es el caso de libro realizado por Helen Fielding titulado El diario de Bridget Jones (1996), trabajo mediante el cual la protagonista, figura de la mujer moderna, busca transformar una sociedad machista a través una falsa concepción de la libertad femenina, de una independencia donde la felicidad se forma partir de la suma de valores tradicionales (amor amistad, perseverancia) con matices postmodernos que convierten a la feminidad en algo tan ubicuo, tan difundido como los 20 millones de ejemplares que vendió esta novela alrededor del mundo.

Esta pieza literaria no es la única que ha nacido a la sombra de este fenómeno mediático y literario, denominado Chick Lit, ya que existen muchos otros títulos, entre los cuales destacan Sexo y la cuidad de Candance Bushnell, llevada en 1998 por la cadena HBO a la televisión; y el Manual de la perfecta cabrona escrito por Elizabeth Hilts. Obras representativas que si bien, al igual que Bridget Jones, explotan el recurso de sátira sobre las acciones cotidianas de la mujer, van más allá del sentimentalismo, logrando así establecer una temporalidad cronológica para las actrices de esta época.

Damas que creen dar vida a una nueva modalidad de feminidad, ésa donde el objeto conforma al sujeto o en este caso a hordas de mujeres románticas y melodramáticas, pero a la vez adictas al sexo y la moda, que son incapaces de pensarse a sí mismas como seres independientes.

Lo que hace evidente que este tipo de literatura lejos de representar la muerte simbólica del estereotipo de la mujer como princesa, creyente de los cuentos de hadas, y así erigir la verdadera equidad de género, solamente encumbra un mensaje conservador pero a la vez sumamente lucrativo que invita al consumo como remedio del vacío existencial. Es decir, la mujer sólo puede aspira al gran amor como meta final y si no llega a él, existirán otras situaciones o recursos materiales que suplanten dicha situación.

Este nuevo género literario que llegó, venció y se ha quedado en la memoria colectiva, establece la idea de que vivimos la época de la vacilación, en la que cada ser puede establecer su propia verdad, una realidad que a pesar de la realización profesional encadena a la mujer a la búsqueda de la plenitud afectiva.

Es evidente que este tipo de libros simplemente son la corteza del cambio y de la lucha por la equidad, pues resultan más atrayentes e importantes títulos históricos como Madame Bovary, escrita por Gustave Flaubert y Juliette de Marqués de Sade, en los que no se busca esconder la esencia y la importancia del sujeto ante las relaciones sociales.

La mujer de este siglo necesita creaciones literarias que van más allá de reconocer la existencia del avance ideológico-social, que únicamente mata ídolos y tabúes, sin proponer nada a cambio; representando así la conservación de viejos males con cara de libertad. En otras palabras, la Chick lit es la literatura femenil al servicio del comercio y la promiscuidad.

Deambulario

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