Fahrenheit 451. La temperatura a la que arde la literatura

Por Marlen Quiroz

Un mundo en el que los bomberos tienen la misión de quemar libros por disposición gubernamental existe, y está en Fahrenheit 451. Un joven Ray Bradbury comenzó a imaginar esa realidad en 1950, y por fin la plasmó en 1953.

La primera vez que se publicó dicha historia fue en la revista Playboy, ya que ningún editor quería arriesgarse a difundir un texto tan inconformista.

El protagonista es Montag, un bombero cuya misión es quemar libros, ya que los gobernantes los impiden. Los ciudadanos lejos de todo tipo de literatura, serán felices para así no cuestionar sus acciones y rendir en sus labores. Todo cambia cuando Mortag conoce a Clarisse, una mujer que le genera dudas sobre lo que es la felicidad, esas dudas hacen que todos los ideales que habían regido su vida, e desbaraten, así comienza a esconder libros cada vez que acude a una incineración.

“Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada”

En esta sociedad autoritaria que se nos presenta, el Cuerpo de Bomberos se ha convertido en una especie de nueva policía al servicio del Gobierno, cuya función es crear el fuego en vez de combatirlo. Ha sustituido la manguera por el lanzallamas para destruir libros. Su misión es acabar con el patrimonio literario de la humanidad, que, según el gobierno, impide que el pueblo alcance la felicidad.

En 1966 la historia llega a las salas cinematográficas, dirigida por François Truffaut. La historia se sitúa en la década de 2010.

Que la gente no piense, que actúe mecánicamente, es lo que esta sociedad pretende. Sólo mediante esta falta de libertad de pensamiento el ser humano puede alcanzar la felicidad. Pero eso implica tener a la gente continuamente entretenida, y para ello se utiliza una variedad de la televisión: paredes enteras ocupadas con pantallas gigantes que emiten continuamente folletines en los que el espectador puede interactuar (hay que tener en cuenta que el libro está escrito en el año 1953, en pleno auge y expansión de la televisión).

Según el propio Bradbury, esta novela fue escrita en las profundidades del campus de la UCLA, en una sala de mecanografía con máquinas de escribir de alquiler a 10 centavos la media hora. Nadie lo quería publicar, hasta que un joven Hugh Hefner decidió comprar el manuscrito por 450 dólares, para escandalizar al mundo.

 

Ante la coyuntura actual, vale la pena regresar a los clásicos de la ciencia ficción, para saber si la realidad supera cualquier imaginación de los años 50.

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