El sufragio en México, un ejercicio de 200 años

Anabel Clemente

@Ana_cletre

 

El sol se ocultó cuando la puerta de la parroquia principal de la ciudad de México cerró. Adentro, decenas de hombres escucharon misa en honor al espíritu santo para después levantar la mano y pronunciar uno, dos o tres nombres por todos conocidos. Tres horas de pláticas tímidas pasaron hasta que un grito concluyó la jornada: “Vivan los criollos; mueran los gachupines”. Así sucedieron las primeras elecciones en el país.

Fue el primer domingo de diciembre de 1812 cuando se llevaron a cabo 17 juntas parroquiales para elegir a los miembros del nuevo ayuntamiento de la capital. El órgano que estipuló este ejercicio se llamaba Constitución de Cádiz.

En sus primeros años el sufragio estaba destinado sólo a hombres mayores de 25 años de cierto nivel intelectual. Excluía a los negros y a las castas; suspendía derechos electorales a quienes fueran deudores, sirvientes, a quienes no tuvieran empleo conocido y a procesados criminales.

“En Cádiz se estableció el voto indirecto por segundo grado, es decir, el votante elegía a un elector que a su vez elegía a quien se convertiría en la nueva autoridad”, explica el doctor en historia moderna y contemporánea Arno Burkholder de la Rosa.

Sin embargo, fue en 1909 cuando “apareció un personaje que con el paso del tiempo se convirtió en el apóstol de la democracia: Francisco I. Madero, que escribió La sucesión presidencial en 1910. En el libro, Madero señala que para superar la crisis que México vivía era necesario creer en la fuerza del voto, crear un auténtico partido nacional y llamar a elecciones para que la ciudadanía escogiera a sus nuevos gobernantes”, comenta Burkholder de la Rosa.

Fueron necesarias las modificaciones en la Constitución, la Revolución Mexicana y los movimientos sociales para que el voto sirviera como unidad representativa de la sociedad. Fue en la Constitución de 1917 en la que apareció por primera vez el voto directo para elegir a gobernantes, pero no todos podían participar.

“Las mujeres participaron por primera vez como votantes en la elección presidencial de 1958, de la que resultó electo Adolfo López Mateos. Fue una elección pacífica, porque la lucha por el poder ya no se daba en las urnas sino que se daba en el gabinete, en la calles, en los sindicatos”, explica la investigadora de El Colegio de México Gabriela Cano.

Después llegó la reforma a la mayoría de edad para ser ciudadano: “eso se decidió durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, y fue una consecuencia del conflicto estudiantil de 1968”, confía Burkholder de la Rosa.

Partidos políticos, boletas, urnas, candidatos, campañas electorales… pero algo faltaba en el proceso: una credencial de elector. “Todo nuestro sistema electoral está edificado, constituido en torno a la desconfianza. Por la desconfianza hicimos una credencial electoral muy sofisticada, con muchos candados, fotografía… somos uno de los ocho países con una credencial de elector”, comenta el doctor Víctor Espinoza Valle, investigador del Departamento de Estudios de Administración Pública de El Colegio de la Frontera Norte (Colef).

Por la seguridad que implicaba la existencia de una credencial los cambios a la ley electoral siguieron. Pero el punto trascendente fue la creación del Instituto Federal Electoral.

“La organización de las elecciones se llevaba a cabo por el Estado. El IFE se crea hasta 1990 como un órgano autónomo integrado por un consejo ciudadano para garantizar el ejercicio independiente y regular del voto”, aclara el académico del Colef.

Doscientos años pasaron, se incluyó a hombres, a mujeres, a jóvenes… a todos los ciudadanos mayores de 18 años para ejercer el derecho constitucional, que desde la primera votación que hubo en México fue una obligación.


*Nota publicada originalmente en La Razón de México, el 30 de junio de 2012.

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