El réquiem, una despedida inconclusa

 | @aguilarpamela

Su salud era muy delicada, incluso pocas veces se levantaba de la cama. Su mano izquierda era tomada en todo momento por su amada Constanze, pero en la derecha siempre tenía un pluma, para plasmar sus ideas en aquellas partituras que acompañaron a Wolfgang Amadeus Mozart hasta el último momento de su vida.

Así fueron los últimos días del compositor austriaco, escribiendo El Réquiem. Sin embargo, el tiempo le fue insuficiente y este último trabajo quedó incluso. Mozart comenzó con esta pieza el 6 de septiembre de 1791. Al mismo tiempo terminó La flauta mágica y otras dos obras de encargo.

Tuvo tres meses para trabajar en El Réquiem, pero eran tantas las ideas para diferentes composiciones en las que trabajaba al mismo tiempo que descuidó su obra final y su salud tan delicada agotó su tiempo para continuar escribiendo.

Cuando el genio murió, el 5 de diciembre de 1971, Constanze sabía que no podía presentar un trabajo inconcluso. Pidió ayuda a Franc Xaver Süssmayr, copista y alumno de Mozart. Esta ayuda había sido solicitada por el mismo Mozart a uno de sus  discípulos días antes de morir, pero éste abortó la misión al sentirse incapaz y dejó la responsabilidad a Süssmayr, quien visitaba a menudo la casa de autor y a quien le fueron entregadas las instrucciones y esbozos del propio compositor.

Pese a que el análisis grafológico confirma que en la composición de El Réquiem intervienen cuatro personas distintas incluida Mozart, su esposa estrenó la pieza en Viena en 1793, y afirmó que se trataba de la decimonovena y última misa escrita por el pianista. Aquella fue la despedida del creador de Cinco conciertos para violín (1775), la serenata Haffner (1776) y Concierto para piano núm. 9, piezas escritas durante cada uno de sus viajes por Munich, Viena, Augsburgo y Mannheim.

Y es que sólo era un niño cuando Leopold, padre del compositor, descubrió el talento del más pequeño de la familia. A donde iban, los halagos no se hacían esperar: “Su hijo es el mayor compositor que jamás haya conocido”, fueron las palabras que Joseph Haydn dirigió al también maestro de Mozart.

Muchos consideran que fue “Jeune homme” la primera obra “clásica” del músico. Pero para un niño que amaba jugar con la música no fue suficiente poder tocar instrumentos como el violín; él “compuso” su primer concierto de piano con sólo cuatro años.

Aunque aún eran manos inexpertas, desde entonces, con aquella pluma que sostuvo hasta su muerte, Mozart logró plasmar notas perfectas.

Pamela Aguilar

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