El mago de Madero

Por Roberto Rosendo Ríos Vargas

@ROBERTDELRI0

Caminaba por una de las calles principales del Centro Histórico, la calle de Francisco I. Madero, que desde hace unos años se convirtió en calle peatonal, ahí se pueden encontrar un sin fin de expresiones culturales, muchas tribus urbanas convergen es ese punto, cientos de personas caminan a diario por ese lugar, los centros comerciales así como restaurantes son la característica; ahí en medio de ese bullicio capitalino hay un personaje que llama la atención.

Vestido con traje negro abotonado, camisa blanca y una corbata roja se encuentra un hombre de aproximadamente 45 años, de piel morena, cabello largo y chino, no sé si sea de origen extranjero; se gana la vida con magia para los miles de peatones que día a día transitan por esta calle. Llega alrededor de las 9 de la mañana, instala su escenario —que no es más que un soporte para una tabla—, de su portafolios saca poco a poco sus instrumentos de trabajo: cartas, cuerdas, pelotas de esponja etcétera; a un lado se encuentra otro hombre vestido de Ironman y del otro lado uno con el traje de Hulk, quienes a cambio de dinero se toman fotografías con los niños que pasan.

El mago hace sus trucos, desde el más sencillo hasta el más complicado, la gente atenta mira cómo hace su trabajo, muchos le toman fotografías otros más sacan sus celulares y graban sus trucos de magia. Algunas personas pasan sin siquiera mirarlo, ¿será acaso que nos les gusta o no creen en la magia?; sin embargo poco a poco al rededor del mago se junta más y más gente, este ilusionista realiza un show que dura aproximadamente 20 minutos, el tiempo exacto para sorprender a quienes con aplausos y monedas reconocen su trabajo.

Pasan las horas y el mago sigue con lo suyo, en ocasiones para y se toma un descanso, encarga a Hulk sus cosas y se va a comer, en esta ocasión fue una torta y un refresco. Mientras come llega el Capitán América y Wolverine, quienes se quitan la máscara y comen junto al mago, de hecho pareciera como si realmente estos personajes existieran y tuvieran que comer y descansar después de salvar al mundo de las múltiples amenazas. Se une al banquete improvisado la Mujer Maravilla y una chica vestida como un avatar, pregunta ¿cómo les ha ido en el día?, unos tienen cara de preocupación, al parecer no les ha ido muy bien. El mago termina de comer y paga la cuenta de todos los que estaba junto a él, se da el lujo de invitar a sus compañeros la comida y los “superhéroes” se lo agradecen.

Ya son casi las dos de la tarde, me he pasado ya bastante tiempo observando al mago, pero no sé porque tengo ganas de quedarme a ver un truco más y como si el mago lo supiera hace uno que a mí y a otras personas nos sorprende aún más: llama a dos espectadores, les coloca una pelota roja en una mano, los hace apretarlas fuertemente, dice las palabras mágicas, ordena abrirlas y de pronto caen varias pelotas rojas de sus manos, la gente estalla en júbilo, sin duda es el mejor truco de la tarde, incluso una mujer que ayudó en este truco gritó al momento de que las pelotas cayeron de sus manos.

Satisfecho por el espectáculo decido seguir mi camino, dejo atrás al ilusionista, su magia y a los superhéroes, para perderme en las calles capitalinas.


Nos leemos la próxima, recuerden que siempre hay una historia distinta que contar; me despido desde la Capital Azteca. ¿Quieres que cuente tu historia? Escríbeme a mi correo electrónico elbone089@gmail.com

El autor es reportero, cronista, escritor, especialista en lucha libre y aficionado al futbol.

 

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