El Cristo Negro: una leyenda de más de 400 años

Por Paulina Perez

La Ciudad de México, y en general la República Mexicana, están enriquecidas de leyendas, mitos e historias que la engrandecen, una de ellas es la de el Cristo negro o el Señor del Veneno.

El milagro que originó al Cristo Negro se reafirma en voces de sus fieles que durante muchos años lo han venerado. Relatan que los antiguos clérigos de esta iglesia veneraban con gran fervor la imagen del Cristo, pero había uno en especial que le rezaba todas las mañanas y al concluir su oración acostumbraba a besar los pies del Cristo como forma de veneración.

Una mañana, el padre escuchó a un hombre confesar graves pecados como robar y matar despiadadamente a un prójimo, tras ello el sacerdote confesor indicó una penitencia que desagradó y enfureció al hombre.

Tras la incertidumbre de que el padre delatara su confesión, decidió asesinarlo: puso veneno en los pies del Cristo, para que cuando el sacerdote lo besara por la mañana, muriera. El hombre escondido en el templo espero paciente. Su sorpresa fue desmedida cuando el padre, al terminar la oración e intentar besar al Cristo, quedó paralizado frente a la figura que se había teñido de negro. El santo absorbió el veneno.

El hombre escondido no pudo pasar por alto el milagro: el Cristo había salvado a sacerdote. Así que salió y se arrodilló frente a la imagen, suplicando perdón por sus crímenes.

Sin embargo, ésa no es la única versión respecto respecto al Cristo del veneno en la CDMX.

Otra leyenda cuenta que dos hombres ricos, el primero Don Fermín Andueza, de gran humildad y devoción, acostumbraba a dar beneficencia a los pobres, ayudar a la Iglesia y venerar la imagen de Cristo, pero, por sus grandes ganancias como empresario provocaba la envidia de Don Ismael Treviño, un sujeto adinerado y poderoso que carecía de lo que Don Fermín poseía.

Celos, envidia y odio alteraron el alma de Treviño, así crecieron sus ansias de asesinar a Don Fermín.

Israel Treviño le obsequio a Don Fermín como ofrenda de amistad un pastel que escondía veneno y que al consumirlo lo mataría lentamente. Don Fermín en su rutina diaria desayuno el pastel con un chocolate y se dirigió a la iglesia a rezarle al Cristo. Ansioso de saber que ocurriría, Treviño lo siguió y se escondió en la iglesia sin que nadie lo notara y al término de su oración Fermín beso los pies del Cristo, de repente las voces de los católicos que se encontraban allí empezaron a escucharse puesto que la imagen se invadió de una tonalidad oscura por completo.

Ambas versiones se dieron en la Iglesia de Porta Coeli, según relatan los fieles.Tiempo después la imagen fue replicada, pues el fervor de los devotos, provocó un incendio originado de las velas colocadas a los pies del Cristo, así, con las cenizas del mismo replicaron su imagen que permaneció hasta finales del siglo XIX, posteriormente en 1952, tras el convenio que se hizo entre la Iglesia Greco-Católica Melquita y la Iglesia Católica Romana (consejo consistorial) una réplica de la imagen se trasladó junto al Altar del Perdón, en la Catedral Metropolitana, donde cientos de católicos y fieles al Cristo piden milagros y rezan por el perdón de los pecados.

Es de impresionar y conmover la devoción de sus fieles, las palabras de la gente que por más de 50 años rezan, veneran y visitan al Cristo Negro para pedir un milagro, “No hay nadie más que él, él nos da todo (…) nos da el perdón, nos absorbe el mal que tenemos dentro”, menciona Isabel (una fiel del Cristo desde hace 50 años).

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