El confinamiento y la elección de ser madre

Anabel Clemente
@Ana_cletre

El 10 de mayo de 2020 en México tiene dos grandes cargas, por un lado la contingencia por la propagación del Covid-19 y por otro su origen.

Pesadas por el ánimo que genera en la población, por la obligación para reflexionar las relaciones sociales y por la resistencia a resignificar la palabra maternidad.

“Un padre imperfecto es aceptable. El concepto de buen padre solo se inventó hace unos 30 años. Antes era normal que los padres fuesen callados, ausentes, poco fiables y egoístas.

“Claro que queremos que no sean así, pero en el fondo los aceptamos. Nos gustan por sus imperfecciones, pero la gente no tolera eso mismo en las madres. Es inaceptable a nivel estructural y espiritual. Porque la base de nuestra patraña judeocristiana es María, la madre de Jesús, que es perfecta”, dice el personaje de la abogada Nora Fanshaw (Laura Dern) en Historia de un matrimonio.

En México esa idea de la madre perfecta, abnegada y muchas veces sumisa es una constante por la que el confinamiento se convierte en una tortura para quienes están lejos de quien les dio la vida.

Por lo anterior, no es raro que las pastelerías luzcan con filas interminables para comprar los pasteles de las “reinas del hogar”, ya que no hay restaurantes, no hay teatros, ni centros comerciales, ni conciertos para demostrar el cariño.

Ahora el afecto y la tristeza por la lejanía se demuestra en las redes sociales: “te extraño tanto, mamá”, “el primer año lejos de ella”, “la mejor mamá del mundo”, “gracias por todo lo que me has dado” se lee mientras admiramos las mejores fotografías de mujeres de diferentes edades.

Mientras tanto, los afortunados presumen las imágenes del festejo, pasteles, comida, sonrisas y abrazos sin guardar la distancia. El día de las madres se salva, sin regalos pero juntos, en familia, con la mesa llena y la mamá apapachando a los suyos.

Casi como se esperaba que sucediera hace 98 años.

“Excélsior pretende que el 10 de mayo de todos los años sea consagrado por los hijos a enaltecer en vida o en memoria a quienes les dieron el ser”, publicó el periódico de la vida nacional el 13 de abril de 1922.

El director de ese diario, Rafael Alducín, propuso la fecha al secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, con un objetivo: bloquear el movimiento feminista que se gestaba en Yucatán (desde 1916) para regular la natalidad, el divorcio y el voto de las mujeres.

Los sectores político, religioso, comercial y social aceptaron enaltecer la figura de la madre, consagrar a quienes representaban un monumento de amor y de ternura; desde las escuelas, con bailables, recitales y rifas, se celebró el día como proponía el periódico que también quería acabar con una campaña “suicida y criminal”.

Se trataba de una tarea que derivó del Congreso Feminista en Mérida: la impresión y distribución de “Regulación de la natalidad o Brújula del hogar”, un folleto traducido al español de la activista norteamericana Margaret Sanger, que mostraba como evitar el embarazo atendiendo el ciclo menstrual.

Hoy, que en el extremo meridional del sureste se ha venido emprendiendo una campaña suicida y criminal contra la maternidad, cuando en Yucatán elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda grotesca, denigrando la más alta función de la mujer, que no sólo consiste en dar a luz, sino en educar a los hijos que forma su carne, es preciso que la sociedad entera manifiesta, de una forma banal si se quiere, pero profundamente significativa que no hemos llegado a esa aberración que predican los racionalistas exaltados, sino que lejos de ello, sabemos honrar a la mujer que nos dio la vida”, así festejaba Excélsior su exitoso 10 de mayo, aquel 1922.

Casi cien años han pasado desde la instauración de una de las fechas más importantes para los mexicanos, para el sector comercio, restaurantero, panificador, de entretenimiento… con una coyuntura nueva: el encierro. Hoy tenemos la oportunidad de repensar el homenaje a las mujeres que decidieron ser madres, porque eso debe ser la maternidad, una elección personal.

Se trata de reconocer la historia de cada una de las mujeres que son madres, conocer las condiciones que las llevaron a esa decisión y más allá de celebrar lo que nos han dado, el amor incondicional y la protección que representan, podemos pensar en lo que han sido obligadas a ser, a cumplir, a atender por la necesidad de satisfacer las exigencias sociales de lo que llaman instinto materno.

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