El beso a través del arte

Un beso, antes del arte

Por Fernanda Desschamps*

Desde que los homínidos comenzaron a dominar la capacidad de sus manos, por excelencia instrumentos del sentido del tacto, la prensión y el trabajo, no soportaron la inquietud de transformar la materia. Las diversas rocas inertes, frías, se convirtieron en mujer, nació el arte. Venus preciosas se les ha llamado. Canon de belleza, ritual de asombros, devoción y de misterio.

Hoy dedicamos estas líneas a los besos de amor y sin salirnos del marco de la prehistoria, procedente del Medio Oriente encontramos una pieza muy singular “Los amantes de Ain Sakhri” de aproximadamente diez mil años de antigüedad. Fundidos literalmente en una sola pieza, evidencian el gusto del hombre primitivo por verse a sí mismo. Primitivo no por su falta de cultura sino por realizar con los más pobres utensilios obras realmente asombrosas como ésta. Y de similar composición y apariencia están la serie de Besos de Constantine Brancusi, fechada en 1912.

Los amantes de Ain Sakhri

Los amantes de Ain Sakhri

Besos, de Constantine Brancusi, 1912

Besos, de Constantine Brancusi, 1912

De carácter funerario están El Beso de Osuna que data del siglo III al II a. C. tallado en un sillar y El Beso Del Rey Favila del Siglo XII esculpido en el capitel de un monasterio asturiano. Ambos representan a un vivo y a un difunto que so pretexto de una última despedida desafian a la muerte quedando para siempre juntos.

El Beso de Osuna

El Beso de Osuna

El Beso Del Rey Favila, Siglo XII

El Beso Del Rey Favila, Siglo XII

“Amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia”, dice Octavio Paz.

Besar es transgredir el espacio del otro para comunicarle… los matices del amor. Entonces el beso es signo de entrega, de veneración. Se comparte el aliento que es la vida misma, llena de fuerza, da ánimo pues llega al alma. Y nadie es el mismo después de un beso. Procedente de una cerámica griega tenemos la imagen de Erastes y Erómeno, 500 a.C. y, en el mismo talante En la cama, Toulouse-Lautrec también refleja la intimidad entre dos personas del mismo sexo.

Erastes y Erómeno, 500 a.C.

Erastes y Erómeno, 500 a.C.

En la cama, Toulouse-Lautrec

En la cama, Toulouse-Lautrec

La mitología grecolatina ha sido una de las principales inspiraciones para los artistas del mundo occidental. Muy conocida es la figura del llamado Cupido, que nada tiene que ver con San Valentín, pues se trata de Eros, hijo de Venus y Marte, ella diosa del amor, la belleza y la fertilidad y él, dios de la guerra, que para colmo, solamente crece al estar próximo a Anteros dios del deseo, la correspondencia o Amor que corresponde su hermano. Shakespeare advertía que se le pinta ciego, vendado, ya que “El amor no mira con los ojos, sino con el espíritu”, pasa pronto como la infancia y no ve el mérito o demérito de la persona a quien hiere con sus flechas a diestra y siniestra, impregnando de amor o rechazo, provocando menudos líos entre dioses y hombres. Una lectura al mito de Eros y Psique nos abre el entendimiento de tantas cosas, el origen de nuestro imaginario amoroso.

Una de tantas representaciones es la alegoría que pinta Bronzino de El triunfo de Venus realizado entre 1540 y 1546, donde vemos un beso incestuoso entre Venus y Eros. Otra más en mármol de Antonio Canova con Eros y Psique, realizada en 1793 cuya línea compositiva en forma de X y enmarcado con los brazos de la amada, muestra el instante en el que el beso de amor reanima, pleno de ternura y delicadeza.

El triunfo de Venus, Bronzino

El triunfo de Venus, Bronzino

Eros y Psique, Antonio Canova, 1793

Detalle de Eros y Psique, Antonio Canova, 1793

Otra obra que originalmente se concibió para formar parte de Las puertas del Infierno, de Auguste Rodin, dada la felicidad que irradiaba se convirtió en obra autónoma terminada en mármol en 1887. Cristaliza el beso de dos amantes que posteriormente al ser descubiertos por el marido de ella, son asesinados y condenados. Y yendo de lo profano a lo sacro está el beso de los esposos y santos Joaquín y Ana, pintados por Giotto di Bondone de 1304 a 1305 que plasma el momento en el que, María (la futura madre de Jesús) fue concebida de manera inmaculada, o sea sin pecado a través de este beso. Porque los besos también simbolizan la unión de lo divino con lo humano, acto sublime y espiritual.

El Beso, Auguste Rodin, 1887

El Beso, Auguste Rodin, 1887

Detalle Abrazo en la Puerta Dorada, Giotto di Bondone, 1304

Detalle Abrazo en la Puerta Dorada, Giotto di Bondone, 1304

A finales del siglo XIX el que transmite la calidez de la madera, la piel, con tal economía de recursos y figuras tan abstractas, expresión y simbolismo, es Edvard Munch. En cambio Gustav Klimt pinta entre 1907-08 un beso absorto de ternura, pasión contenida en un lugar fantástico de oro, amor y flores. Posteriormente las vanguardias e ismos con tal variedad de paletas y estilos como Los amantes, de Rene Magritte, de 1928, son acaso el eco de un amor con ausencia de sensaciones. En cambio el beso de Picasso, que dedicó muchos lienzos y esculturas con este tema, ralla en el canibalismo y la versión pop de Roy Lichtenstein de 1964.

El beso, de Edvard Munch

El beso, de Edvard Munch

Los amantes, de Rene Magritte

Los amantes, de Rene Magritte

El beso, Picasso, 1969

El beso, Picasso, 1969

Kiss II, Roy Lichenstein, 1962

Kiss II, Roy Lichenstein, 1962

Respecto a la fotografía encontramos este par de emblemáticas imágenes, El Beso de Times Square de Alfred Eisenstaedt que retrata a una pareja durante la celebración del Día de la Victoria de Estados Unidos sobre Japón en 1945 y El beso en el Hotel de Ville, del francés Robert Doisneau, capturada en 1950.

El Beso, de Times Square de Alfred Eisenstaedt

El Beso, de Times Square de Alfred Eisenstaedt, 1945

El beso en el Hotel de Ville, Robert Doisneau, 1950

El beso en el Hotel de Ville, Robert Doisneau, 1950

Apenas una pequeña de la basta muestra que aportan las artes plásticas y visuales de los besos y sus historias, pero aún sin conocerlas resulta inevitable con alguna, sentirnos identificados. Entonces el arte, combinación de habilidad, saber, conocimiento, sensibilidad nos regala la perpetuidad de la memoria, de lo que es, de lo que pasó o de lo que quisiéramos que fuera, porque independientemente de la realidad, uno las termina recordando según nos place, y toca a los artistas realizar ese deseo.

 


*La autora es artista plástica, Licenciada en Historia del Arte, con exposiciones individuales y colectivas desde 1994.

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