El amor dura tres años, excepto si es prohibido

Por Francisco Contreras 

El amor dura tres años, sobre todo si el matrimonio es por amor, ya que, según Frédéric Beigbeder, éste arranca tan alto que nada de lo que se haga por él estará a la altura y sólo un cataclismo lo puede salvar.

La vida se acabó. Ya estábamos en el Paraíso antes de haber vivido”, afirma en la novela El amor dura tres años (1997), a lo que añade que en esa situación a los esposos solo les queda esperar hasta la muerte “en esa película perfecta”, en voz de Marc Marronnier, cronista parisino de sociedad.

En eso llega la catástrofe, cuando durante el funeral de su abuela conoce a Alice, la amiga de una prima, de quien queda prendado, aunque no intenta nada sino semanas después, cuando se la encuentra en una fiesta en París, donde sus intenciones sólo reciben un “me das miedo” como respuesta, para luego convertirse en el adulterio que quebró todo entre él y su esposa Anne en el aeropuerto de Río de Janeiro, donde le encontró una Polaroid de Alice.

Tras la escena que derivó en un adiós definitivo entre la pareja y la negativa de Alice a dejar a su marido, pero sí rompiendo con él, Marc pasa meses en fiestas interminables y borracheras con las que intentó “acabarse” las noches, gritando a los cuatro vientos, y a quien le hablara siquiera, que todo matrimonio tiene un año de pasión, otro de ternura y el tercero de aburrimiento.

Y como su trienio terminó con Anne, decidió intentarlo con Alice, en quien no dejó de pensar hasta que ella le volvió a llamar un lunes para reanudar su relación extramarital y terminarla antes del fin de semana para no sentir remordimientos con su esposo en una dinámica que duró meses.

Asimismo, el cinismo de Marronnier respecto al amor, se contrapone con La guitarra azul (2015) de John Banville, donde el pintor Oliver Otway Orme abandona a su amante en la casa paterna a donde la llevó con su hija Pip tras ser descubierto y abandonar a su pareja. Ahí, él afirma que la dejó por no estar a la altura de su amor, tras ver destrozado a su amigo Marcus y esposo de Polly al descubrir la infidelidad, y con quién. A eso se le añadió su “vergüenza” por su costumbre de robar cosas a donde iba sólo por lo que le hacía sentir eso.

Aunque en ambas historias los protagonistas toman caminos diferentes tras un inicio similar –decir más sería contarte las tramas—, nos atrapan con tramas sencillas que se sienten como si estuviéramos en un bar con un amigo que cuenta sus penas, aunque curiosamente terminan siendo muy diferentes.

Empero, si hablamos de amores con fecha de caducidad, no olvidemos el gran romance de Romeo y Julieta (1597), de William Shakespeare, y que no duró ni los 10 días. Aunque sí cumplieron eso de quererse hasta la muerte. En este punto, qué mejor que Lolita (1955) de Vladimir Nabokov. Vamos, era obvio tocarlo.

Supongo que has visto alguna de sus adaptaciones al cine o leído el libro, pero si no, a grandes rasgos, Humbert emigra de París a Nueva York para recibir la herencia de un tío estadounidense a cambio de trabajar en su empresa de perfumes, lo que lo lleva, tras varias situaciones, a vivir en Ramsdale, con Charlotte Haze –después su esposa—, donde conoce a Dolores, su hija de 12 años, de quien se enamora.

Florence Sally Horner fue una niña estadounidense secuestrada en 1948 por el pederasta Frank La Salle. Dicho caso pudo ser utilizado por Navokov como prototivo de la novela Lolita.

Tras la muerte de la madre, el padrastro y Lo recorren el sur del país, iniciando su incestuosa relación que durará un año de recorrido, varios meses en Beardsley, donde ella retoma los estudios, y varias semanas en un segundo viaje hasta que escapa con otro hombre. Aunque todo esto sin olvidar a Annabel, una niña con quien vivió un tórrido romance de verano cuando ambos tenían 10 años y con quien conoció el amor hasta que fueron separados por la muerte de ella.

En este sentido podríamos hablar de muchas historias, pues tan sólo está Los peces no cierran los ojos (2012), en la que Erri De Luca narra un recuerdo similar sobre una niña hermosa y tímida de pecas en quien encontró el amor durante unas vacaciones en la playa y con quien descubrió que justamente los peces duermen con los ojos abiertos, hecho que acompañó al protagonista a lo largo de su vida, recordándole siempre aquel romance.

También tenemos la película de El profesional (1994), de Luc Besson, donde el personaje de Natalie Portman se enamora del asesino interpretado por Jean Reno. En este punto, también tenemos el velo de la censura que por poco impide que Lolita fuera publicada y que obligó a Stanley Kubrick hacer algunos cambios en la primera adaptación de ésta al cine. Mientras que en palabras de Besson, León –por su nombre original— salió a las pantallas grandes con un guión rebajado, pues los estudios no permitieron que la película profundizara en la relación de León y Mathilda, dejándolo sólo en insinuaciones.

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