De festejos en festejos a pesar de la pandemia

Por Francisco Contreras
@FContrerasMX

Deambulario cumple cinco años llevando la cultura, la actualidad y la literatura hasta las casas de sus atentos lectores. Y qué mejor que hacerlo el mismo año del centenario de una cinta tan icónica como El gabinete del Dr. Caligari, que sentó las bases de los géneros de horror y de autor, influenciando al cine europeo y estadounidense.

Considerada la primera película formal de horror,Das Cabinet des Dr. Caligari” (1920) en su título original, relata la llegada de la feria al pueblo de Holstenwall, Alemania, con el acto de sonambulismo del Dr. Caligari, quien asombraba a los asistentes al despertar a Cesare, tras 25 años de sueño, para adivinar el futuro de quien pregunte, pues “él lo sabe todo”.

Justo ahí inicia lo bueno, cuando Alan, acompañado por Francis, recibe un “el tiempo es corto. Hasta el amanecer” en respuesta al “¿Cuánto viviré?”, para ser asesinado en su cama por el sonámbulo, lo que provoca que su amigo busque al asesino hasta llegar a Cesare, con el shock de su, casi ahorcada, prometida y descubrir que el extraño saltimbanqui es en realidad el director del psiquiátrico, quien estudió cómo controlar a los pacientes para asesinar en la inconsciencia.

Sin el uso de efectos, su trama busca horrorizar a su público con algo simple: el mensaje entre líneas, y es que el usar personas dormidas (sin determinación propia) para matar bajo órdenes, es una crítica pura y directa al ejército alemán en protesta tras la Primera Guerra Mundial, de la que pudo escapar Carl Mayer, coguionista del filme junto a Hans Janowitz, al argumentar locura, por lo que pasó bastante tiempo con el psiquiatra, por lo que dicha profesión pasó a ser la del villano.

Si hacer algo bajo, y sin saberlo, no fuera suficiente, tenemos el aspecto del asesino: cadavérico y de gran altura, que asemeja mucho al monstruo del doctor Frankenstein. Incluso, durante el primero espectáculo, Caligari despliega un cartel con la imagen de Cesare, similar a la de Boris Karloff como el monstruo en la versión de Frankenstein de 1931 (James Whale), que impuso Hollywood. Aunque tampoco se pueden descartar detalles del Gólem, hecho de barro para atacar bajo sus órdenes. Ahora sí que monstruos, a fin de cuentas, aunque sean creados para mejorar la raza humana, salvar a una comunidad o matar bajo demanda.

En cuestión de centenarios pasamos a Estados Unidos, cuya producción muda de El fantasma de la ópera (1925) cumplió 95 años este 15 de noviembre, con la participación de Lon Chaney como el fantasma y Mary Philbin bajo la dirección de Rupert Julian.

Y es que a este filme le debemos la famosa interpretación de Chaney como la Muerte Roja, en alusión al cuento de Poe, y la primera imagen del fantasma creado por Gaston Leroux, pues se opone completamente con la creada por Andrew Lloyd Webber y Joel Schumacher para el musical y la película de 2004, donde sólo tenía quemada una parte de la cara y su carácter era más romántico que el primitivo fantasma de rostro completamente desfigurado que vivía en el sótano del Teatro de la Ópera de Paris.

Asimismo, aunque contó con un presupuesto mayor, así como mejores recursos escenográficos y técnicos que el doctor Caligari, su producción aún se enfocaba más en el texto, sin pasar aún a los grandes platós que llegaron después con las versiones hollywoodenses de Drácula y Frankenstein.

Pero tampoco podemos dejar de lado otro de los pilares del cine de terror: “El carruaje fantasma” (1921) que cumplirá su primer siglo el próximo año. Ésta, bajo la dirección de Victor Sjöström, relata la historia de la moribunda Hermana Edit, quien, en compañía de su madre, le pide a Maria, su jefa en el Ejército de Salvación, que busque a David Holm y lo lleve a su lecho de muerte.

Igual que en Dr. Caligari, uno de sus avances es el uso de flashbacks para reforzar la historia, pues en este caso muestran la muerte de Georges un año antes, dejando una viuda, hijos y a su amigo David Holm desamparados, lo que lleva a este último a una época de borracheras sin fin y a las puertas de Edit, quien lo deja pasar la noche en la misión del Ejército de Salvación ese año nuevo, con la promesa de que volverá el siguiente 31 de diciembre para ver cómo cambió su vida. Es ese Año Nuevo que, antes de entregarle el carruaje que recogerá las almas de quienes mueran ese año, busca llevarlo hasta Edit y cumplir su promesa.

Imagen de El carruaje fantasma, de 1921.

Un ejemplo de la importancia de esta película muda es que inspiró la icónica escena del baño en “El resplandor” (1980) de Stanley Kubrick, donde Jack rompe la puerta con un hacha para matar a Wendy, pues el estadounidense la replicó a manera de homenaje. A este hecho se suma que el único efecto usado para dar el aspecto fantasmal al carruaje fue la sobreimpresión de la película.

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