De clases y maestros

Por: Francisco Contreras
@FContrerasMX

“Con Alt+F4 puede subir el volumen de su micrófono”, se escucha al unísono desde varias casas entre el susurro de las risas que busca no alertar al maestro; mientras éste busca quién le dio el consejo se alza otro “no se escucha”. El profesor se desconecta entre las carcajadas del grupo. Bienvenido a la modernidad, como siempre, estás solo en esta nueva batalla.

No cabe duda de que la pandemia nos agarró desprevenidos por todos los frentes y que algunos lo están sufriendo más, como lo demuestra la imagen del maestro casi embarrado en la pantalla buscando cómo subir su volumen o cómo compartir algún video o diapositiva con la clase.

Y sí, hay que decir que algunos simplemente no quieren aprender, mientras que a otros se les dificulta lo tecnológico. Aparte de que en todo hay clases, ya quisiera ver lo que haría Terence Fletcher –el director y maestro de jazz en la película Whiplash (2014)— si alguien le hiciera alguna broma como la del Alt+F4 o esa de mover la boca sin emitir ni un sonido para que le maestro crea que se fue el audio.

Esto, sobre todo si recordamos la presión que puso sobre su alumno Andrew Neiman para que sacara la famosa Caravan de Duke Ellington, algo contradictorio a mi experiencia, durante la licenciatura sacaron a una maestra porque nos pedía a sus alumnos leer libros. No imagino cómo le iría a Buddy Rich con su maestro para sacar su versión.

Sin embargo, en este nivel no puede faltar al gran maestro de todos los tiempos y todas las galaxias, aunque cierto es que también a veces era una gran molestia: Yoda. Creo que todos, aunque no les guste la saga –no sé por qué, pero a veces ocurre—, saben aunque sea de oídas las lecciones que dio a Luke Skywalker para recibir lecciones, que después copió el señor Miyagi. Aunque Yoda pudo ser después, si consideramos que Star Wars está ambientada en el futuro lejano.

Que supongo que no sería la misma reacción que tendría el maestro Ichabod Crane en la historia original de La leyenda del jinete sin cabeza (1820), pues lo más seguro es que Crane fuera a la casa del alumno a arreglar el modem, y a pesar de que viera todos los videos de bromas a profesores durante videoconferencias, seguiría pensando que sus alumnos se equivocaron al aconsejarlo.

En la misma línea pondría a la señorita Grose de la novela de Henry James, Otra vuelta de tuerca (1898), quien con la inocencia de la edad y de su época, dudaría en pensar que sus discípulos pudieran hacerle algún mal.

Aunque no podemos olvidar casos que bien podríamos poner entre los dos, como el de Adrian Thomas, docente retirado protagonista de El profesor (2010) de John Katzenbach, quien antes de suicidarse decide ayudar en la búsqueda de una muchacha secuestrada, o a Dewey Fin, quien en La escuela del Rock (2003) inspira a un grupo de niños –algunos dirían secuestra— a concursar en la Guerra de las bandas.

Y sí, me esforcé por no caer en el profesor Jirafales, el maestro de Cantinflas ni el chiste de “el pobresor” de Tin Tan o Mary Poppins. Pero sin importar si es cuarentena, si no encuentran cómo compartir su Power Point o si no te dejan ir al baño si se lo preguntas en español durante la clase de inglés, y aunque no haya tantos libros, películas o series –aparte de A.P. Bio, Merlí y quizá La casa de papel— con maestros de protagonistas, son una parte importante de cualquier sociedad y se ganaron ser celebrados.

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