Bajo el sombrío arcoíris: Breve vistazo al cine gay en México

Por Mario Valencia

@MarioZala17

En pleno 2016 vivimos un impresionante retroceso en cuestiones de tolerancia en nuestro país. La sociedad mexicana mantiene una pertinente homofobia en parte no solo al ideario católico que impregna nuestras costumbres, sino a una herencia arraigada desde tiempos prehispánicos. Sin embargo, hemos llegado a un punto bajo por permitir que el siguiente filme del cual hablaremos, exista. Para entrar al contexto de Pink, dirigida por Paco del Toro, primero tenemos que analizar la mundana carrera de este señor.

pink

Del Toro, individuo que difícilmente puede llamarse cineasta, cuyo trabajo presenta estética video home, cero contenido pero una fuerte carga cristiana, ha encontrado su lugar en las salas del país desde hace casi 30 años. No solo han sido los homosexuales objeto de sus arrebatos mesiánicos, también lo ha sido el culto a la Santa Muerte, el papel de la mujer en la familia, la prostitución, los chavos banda, las adicciones… cualquier cosa no aprobada por las escrituras. Decir que su cine es maniqueo sería adornarlo con una palabra muy elegante. Mojigato, es más bien lo que merece.

Pink, estrenada en cines hace un par de semanas, ha desatado una polémica fuerte no solo entre la comunidad gay, sino entre el público general. Protagonizada por Pablo Cheng, Charly López, Roberto Palazuelos y hasta un triste Güicho Domínguez, la cinta narra la historia de un indefenso niño que cae en manos de una malévola pareja de homosexuales, pues ambos deciden adoptarlo. Durante el desarrollo, se genera este debate sobre la adopción por parte de padres del mismo sexo, ya que, como menciona uno de los letrados personajes de la película, “los niños aprenden en casa los patrones que después, van a repetir en su día a día”. Siguiente escena, el pequeño se prueba pelucas con uno de sus papis mientras imita a un famoso personaje de TV (aquel que decía “¡Oh, cielos!”). Evidentemente, al final la homosexualidad es una enfermedad curable que, sin embargo, no puede estar al alcance de los más jóvenes porque, en palabras de su creador: “claro que un hijo adoptado por gays puede volverse homosexual porque un niño absorbe como una esponja los usos y costumbres del hogar”.

pacodeltoro

Analizar solamente esta película se remitiría a un simple enunciado sobre su infamia. Plagada de clichés, con un fuerte mensaje de odio. El homosexual, se resume como alguien promiscuo, perezoso, sin ninguna ambición en la vida y sobre todo, con un fuerte deseo sexual. Evitar que la película llegara a los complejos cinematográficos, sería lo ideal, sin embargo el catedrático de la Universidad Iberoamericana, Genaro Lozano, comentó algo muy acertado al respecto: “por los malos argumentos que tiene se quedará simplemente como una mala película que vendió en su estreno de fin de semana sólo 35,000 boletos cuando normalmente se venden seis millones”. Censurar sería caer en su mismo juego. Se debe ser razonable y tanto la comunidad LGBTTTI como los aficionados al cine, permitir que la cinta salga para ser devorada por el ausentismo de la gente.

modisto

Mucho se habla en cuanto a la evolución del cine no solo en técnica, sino en sus temáticas. Con Pink, ya vimos que el asunto gay, no ha avanzado nada pero, ¿cómo ha sido retratada esta comunidad a lo largo de la Historia del cine mexicano? Empezando por Modisto de señoras (1969) protagonizada por el brillante Mauricio Garcés en su retrato de un hombre que se hace pasar por gay para manosear a cuanta bella mujer se ponga frente a él. A pesar de la genialidad de la cinta, en parte por la actuación del señor Garcés, sentó las bases de un estereotipo que permea hasta nuestros días: el homosexual amanerado, picaresco, perverso pero sin malas intenciones que solamente sirve para la diversión de todos. Dicho tipo de personaje, encontró su lugar entre los tugurios del cine de ficheras y programas de televisión. Para prueba basta conocer los personajes gay que los intentos de comediantes como Adrián Uribe u Omar Chaparro, encarnan en sus respectivos programas.

lugarsinlimitesSi de un lado tenemos al afeminado irremediable, el otro retrato que se tiene es el trágico. No hay medias tintas. O haces reír o sufres lentamente. No hay mejores ejemplos que Los marcados (1971) y El lugar sin límites (1978). En la primera, padre e hijo, en una relación incestuosa, son un par de bandidos que serán perseguidos por un pistolero hasta sus inevitables muertes. Dirigida por Alberto Mariscal, este drama envuelto en western, resultó ser una pieza muy ambiciosa para su época, al no solo abordar la híper violencia de estos poblados, sino la homosexualidad y aspiraciones frustradas. Sobre la segunda película, La Manola es un travesti que trabaja en un prostíbulo con su hija La Japonesa. La llegada de un bárbaro camionero, desatará un duelo entre padre e hija por el amor de este hombre. Bajo la sombra del machismo provincial, La Manola sufrirá tremenda discriminación por su gusto de disfrazarse como bailarina de flamenco.

Para la década de los 80, y en su afán de mostrar la hipocresía de la sociedad mexicana, Jaime Humberto Hermosillo presenta una de las mejores obras sobre el tema: Doña Herlinda y su hijo. Ubicada en el contexto de la conservadora sociedad del bajío, un doctor soltero se enamora de un joven estudiante de música, al cual le pedirá lo acompañe a vivir con él a casa de su madre para nunca estar separados. Sin embargo, a doña Herlinda dicha relación no le viene en bien por lo que obliga a su hijo a casarse con una mujer de mente bastante abierta para finalmente ser una orgullosa abuela. Al ver a su hijo devastado por la boda, Herlinda decide pedirle al músico que viva con los recién casados para devolverle su verdadero amor al buen doctor. Todo, obviamente, quedará en familia sin que el resto del pueblo se entere sobre el secreto. Una gran y sincera obra de amor.

callejón

Entrado el llamado Nuevo Cine Mexicano (una manera de seguir disfrazando la tradición melodramática), aparece El callejón de los milagros, basada en la obra del egipcio Naguib Mahfouz. Don Ru es un locatario en la Ciudad de México que, a pesar de tener una familia estable, se ve atraído a Jimmy, jovencito objeto de sus pasiones. Entre los relatos de migración, de la chica buscando al príncipe azul y la joven que desdeña a su prometido, el tema homosexual se siente diluido.

todoelmundo

Durante el nuevo milenio, la escena nacional cae ante las pretensiosas garras del cine contemplativo o “de autor”, como intentan presentarlo. Dicho movimiento, consiste en secuencias generalmente sin alguna narrativa, de estilística minimalista y poca conciencia rítmica. El mejor representante de dicha corriente, es Julián Hernández quien con su trilogía Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor (2003), El cielo dividido (2006) y Rabioso sol, rabioso cielo (2009) presentan relaciones gay que retoman elementos como la infidelidad, la depresión, la reflexión… en más de dos horas (el último par mencionado) de un vano intento poético de representar a la comunidad. Caso contrario es Todo el mundo tiene a alguien menos yo (2012), cinta donde la protagonista, una exitosa editora lesbiana con una serie de manías y la concepción tan distinta al amor que tiene con su amante, una vivaz adolescente llena de vacío. Una película cuya brutalidad obsesiva, puede impregnarse en cualquier tipo de relación.

Entre risas y lágrimas parece que la línea autoral sobre el cine gay en México no puede mantener un equilibrio que en otros países, han perfeccionado desde hace años. Esto, retomando lo mencionado en el primer párrafo, nace por la absurda tradición discriminatoria. Una persona no puede ser juzgada por sus preferencias sexuales, religión o color de piel, sino por los actos que comete hacia sus semejantes. Una película, pese a sus intentos de inmiscuir un mensaje a su espectador, no deja de ser una obra cuyo mayor potencial (y cualidad), es el de provocar emociones. Películas como Pink, son muestra de una ignorancia obsoleta (cortesía de la asociación Cristo Vive) que no posee valores ni didácticos, ni artísticos, pero si evoca una reflexión: ¿hasta dónde es capaz de llegar la bajeza humana para ridiculizar a un sector?

¡Viva la diversidad!

 

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