Antes de salir, apague las estrellas… los grandes cines del DF

Por Sofía Carranza

Pantalla gigante, asiento cómodo y permanencia voluntaria, puedo decir que soy una privilegiada, a mí me tocó entrar a uno de los grandes cines de la Ciudad de México.

La creación de estos sitios tuvo su auge entre 1921 y 1958, periodo en que se construyeron 110, los cuales se diferenciaban entre cines de barrio y de lujo. La característica en común era que sus grandes vestíbulos tenían la función de hacer socializar a la gente. De acuerdo con el arquitecto Francisco Haroldo Alfaro Salazar los grandes espacios que antecedían a las salas permitían convivir a los asistentes, por algo en los de lujo el acceso era con ropa de etiqueta.

A mí me tocó entrar un par de veces a uno de “piojito”, al Cine Sonora, que más parecía una gran caja gris con figuras abstractas en las paredes laterales que un centro de entretenimiento, pero lo genial era que podía quedarme ahí las horas que quisiera y no había la necesidad de comprar nada, pues mamá nos preparaba las típicas tortas para disfrutar alguna de las cintas nacionales. Estaba ubicado en Fray Servando 357 esquina con Circunvalación, tenía una pantalla de casi 25 metros y una capacidad para tres mil 327 personas.

Una de las razones por las que muchas salas quedaron abandonadas fue la desaparición de la Compañía Operadora de Teatros, S.A. (COTSA), una paraestatal que como muchas se perdieron durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

El cine Sonora que fue inaugurado el 12 de marzo de 1955 ya no existe, después de su cierre en 1997 se convirtió en una tienda Comercial Mexicana. Ahora sólo queda su genial estacionamiento con capacidad para 200 coches, el cual ocupan los comerciantes de la zona.

La suerte del resto de aquellas grandes estructuras de la Ciudad de México no es distinta, algunos están abandonados, esperando su demolición o, si les va mejor, remodelación y otros son espacios para las películas XXX.

En la década de los veinte se tenían los primeros palacios cinematográficos, dos llamados Granat (uno en Pino Suárez e Izazaga, de 1918, y otro en Peralvillo, en 1923), el Venecia (Santa Veracruz, de 1918), el Alcázar (en Ayuntamiento, de 1917), el Olimpia (en 16 de Septiembre, de 1921) y el Teresa (en San Juan de Letrán, 1924)

 

Cine Mariscala

En la ruta hacia la plaza de Garibaldi, sobre Eje Central entre República de Cuba y Donceles, se levanta el gran edificio del Cine Mariscala, el que sirvió de escenario a uno de los éxitos de los hermanos Almada: “Ahí, la película La banda del carro rojo rompía récords de taquilla”, cuenta el maestro Armando Ramírez. Ahora ese espacio está desperdiciado, el vestíbulo aún luce su magnificencia tras las rejas de la cortina que lo protege.

Foto Abigaíl Gallegos

Cine Mariscala / Foto Abigaíl Gallegos

Cine Alameda

Sobre Avenida Juárez, muy cerca del Palacio de Bellas Artes, algunos habitantes de la ciudad de México de 1936 tuvieron la oportunidad de ingresar por primera vez a una réplica del pueblo de Taxco, Guerrero, bajo las estrellas de un cielo azul que —aunque artificial— regalaba la magia del cine en todo su esplendor. Se trataba del cine Alameda, un espacio que innovó desde su creación con aire acondicionado y, dicen los que alguna vez entraron, un letrero que decía “antes de salir, apague las estrellas”. Cerró en 1970 y fue demolido en 1985.

Fachada que queda del cine Alameda

Fachada que queda del cine Alameda / Foto Abigaíl Gallegos

En el número 33 de la calle Madero se encuentra la casa de don José de la Borda, o casa Borda como se conoce la edificación. Ahí, en 1917, se instaló una de las primeras salas de proyección cinematográfica, era algo improvisado: en el vestíbulo se reunián no más de 20 personas a disfrutar imágenes con movimiento

Cine Venus

En la calle que viste a las novias y a las quinceañeras, República de Chile número 34, se resguarda un vestigio de los años 50, que se ha convertido en el cuartel de los amantes del porno. Se trata del Cine Venus del que queda una fachada discreta que anuncia películas clasificación D, que sólo es para mayores de 18 años y que no acepta la entrada a mujeres.

Publicidad del Cine Venus, en República de Chile / Foto Abigaíl Gallegos

Publicidad del Cine Venus, en República de Chile / Foto Abigaíl Gallegos

Uno de los cines considerados de arte en el primer cuadro de la ciudad era el Regis, el cual desapareció con el Terremoto de 1985.

Cine Olimpia

En diciembre de 1921 se reinauguró una sala cuya primera piedra fue colocada por Enrico Caruso en 1919, el Cine Olimpia. Este espacio tenía la cualidad de albergar también a una emisora radiofónica, la XEW, donde Francisco Gabilondo Soler era un personaje frecuente. De este gran recinto sólo queda la fachada, y de eso sólo una parte, porque en el interior, las naves fueron transformadas en cubículos comerciales, primero de sex shops y luego de una plaza de la computación.

Lo que queda del cine Olimpia, en 16 de septiembre / Foto Abigaíl Gallegos

Lo que queda del cine Olimpia, en 16 de septiembre / Foto Abigaíl Gallegos

Cine Savoy

El más escondido quizá es este cine, se encuentra en el fondo de una plaza comercial, la que también era un referente de la modernidad de la primera mitad del siglo pasado. Se inauguró en 1943 con un costo de un peso la entrada, pero para 1970 el espacio se convirtió en un difusor de material XXX, que hasta la fecha sigue vigente con once horas de programación continua. Su nombre en grandes letras formadas con luces de neón es el testigo de lo que alguna vez fue la catedral del cine.

Cine Savoy / Foto Abigaíl Gallegos

Cine Savoy en el Paseo Wong / Foto Abigaíl Gallegos

Seguro tus padres, tíos, abuelos o hermanos te pueden contar más de la época del cine con permanencia voluntaria, pregúntales cuáles eran sus favoritos.

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