Anabel Clemente

@Ana_cletre

En 1989, después de dos años de haberse lanzado, Welcome to the Jungle estaba en todos los oídos del mundo, incluso en los de quienes odiaban el rock, como Manuel Antonio Noriega.

El dictador panameño fue una de las víctimas más celebres de tortura por rock. El Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington guarda la lista de canciones utilizadas para convencer al líder militar de entregarse a las fuerzas armadas estadounidenses, en 1989.

Estados Unidos invadió Panamá el 20 de diciembre de ese año, con 24 mil soldados para “proteger las vidas de los ciudadanos estadounidenses presentes en el país, defender la democracia y los derechos humanos, combatir el narcotráfico y asegurar la futura neutralidad del canal”… Y capturar a Noriega.

Ese operativo se dio porque días antes murió un infante de marina estadounidense en la capital panameña, así llegó el pretexto para la invasión, pero ese hecho no fue aislado.

En junio de 1987 el ex jefe del Estado mayor del ejército de Panamá, Roberto Díaz Herrera, declaró ante un diario local la relación del jefe supremo de las fuerzas armadas con el narcotráfico colombiano, así como sus operaciones para el tráfico de armas desde Estados Unidos.

Díaz acusó a Noriega de narcotráfico, de haber planeado la muerte de Omar Torrijos (su superior) en 1981, orquestado un fraude electoral en 1984 y ordenado la decapitación del líder opositor Hugo Spadáfora un año después.

Así fue que el Senado estadounidense reaccionó demandando la salida del poder de Noriega. Un año después, el dictador panameño fue acusado ante un tribunal federal estadounidense por sus vínculos con el Cartel de Medellín.

Vale recordar que antes de 1987, la relación entre Estados Unidos y Panamá era estable. En el marco de la Guerra Fría, en la que Cuba mantenía protagonismo en Centro y Sudamérica, así como el movimiento sandinista ganaba terreno en Nicaragua, Estados Unidos mantenía como clave a Panamá.

Todo lo anterior desencadenó en un bombardeo, el 20 de diciembre de 1989, a la ciudad de Panamá. El Instituto de Medicina Legal, del Ministerio de Gobierno y Justicia, reportó 345 muertos: 155 civiles (132 hombres, 17 mujeres, seis niños), 65 militares, 16 carbonizados y 16 desconocidos.

Mientras eso sucedía, el comandante Noriega se refugió en casa de su nodriza (otros dicen que fue a la de su amante) para después —el 26 de diciembre— arraigarse en la Nunciatura Apostólica de Panamá, lo que sería la embajada del Vaticano en ese país.

A partir del 27 de diciembre, el ejército estadounidense cercó la sede de la nunciatura y como éste no podía ingresar por ser una sede diplomática, la opción fue poner en marcha el plan conocido como Operation Nifty Package (Operación Paquete Genial): las fuerzas estadounidenses instalaron decenas de bocinas en el edificio. Una de las primeras canciones que sonó fue Panamá, de Van Halen.

Por tres días, dos de las canciones que más se repitieron fueron “Welcome to the Jungle”, de Guns N’ Roses y “I Fought The Law”, de The Clash, lo que significó una verdadera tortura para el amante de la ópera, como se calificaba Noriega.

Esta estrategia duró tres días porque el personal de la embajada pidió al gobierno de norteamericano terminar con la estrategia, ya que todos eran afectados por el estruendo no sólo Noriega, quien era llamado El cara de piña (por las marcas de granos en el rostro).

El 3 de enero de 1990, después de negociaciones entre el nuncio Sebastián Laboa y el gobierno del presidente estadounidense Jorge Brush (padre), Manuel Noriega, el cara de Piña, se entregó al ejército que lo torturó con música de The Doors, The Rolling Stones, Black Sabath, Jimmi Hendrix, entre otros.

El junio de 2015, encarcelado y en un mensaje televisado, el que se presentó como “el último general de la era militar” lanzó estas palabras: “Le pido perdón a toda persona que se sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones”.

 

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